Iñaki Gil de San Vicente es profesor y pensador marxista , conocido por su activismo en la izquierda abertzale. Es autor de numerosos artículos en publicaciones como Egin, Gara ya otros medios de comunicación alternativos.
1. Tienes varios
libros sobre marxismo, sociología, política ¿No se vuelve pesado
llevar textos del siglo XX a las complejidades del siglo XXI?
El conocimiento es un
proceso en el que lo nuevo, que siempre emerge por todas partes, sólo
puede ser aprehendido mediante la crítica de lo viejo, la
actualización de lo permanente y el estudio de las contradicciones y
movimientos de esa novedad. Crítica en el sentido marxista, por
supuesto, porque en la medida en que se orienta hacia un fin más o
menos preciso la marcha del pensamiento, en esa medida es aún más
imprescindible conocer más o menos en detalle su evolución previa,
sus fallos, errores y logros, y su valía teórica permanente
mientras siga existiendo el proceso del que se trate. Esto hace que
el conocimiento sea un continuo de choques múltiples e
interrelacionados entre diferencias, oposiciones y contradicciones
que siempre existen en los movimientos de las cosas y del
pensamiento, hasta llegar a la novedad cualitativa, que muchas veces
pone al descubierto más cosas que las que se buscaban inicialmente.
Más aún, sin este proceso de pensamiento no hubiera habido
antropogenia.
Si en el siglo XXI ha
habido avances cualitativos en ciencia, tecnología, pensamiento en
general, etc., es porque no se ha roto esta dialéctica del pensar
sino que se está enriqueciendo a pesar de los frenos que le impone
el capitalismo que solamente impulsa aquella parte de la tecnociencia
que reúne al menos dos grandes bloques de beneficio para el
imperialismo: el primero y decisivo, el que aumenta la plusvalía en
poco tiempo a la vez que debilita y derrota a la clase obrera; el
segundo, las grandes inversiones en la mal llamada «ciencia pura»
pero decisiva para el imperialismo a medio y largo plazo. Pero fuera
y parcialmente incluso dentro de esta estructura tecnocientífica
insertada en el capital constante, existen prácticas organizadas que
confirman siempre la idea marxista de la que ciencia en un arma
revolucionaria decisiva para la libertad.
Partiendo de aquí,
podemos ver que los grandes debates que ahora mismo se siguen
librando alrededor del marxismo nos remiten siempre a la historia de
la lucha de clases en su sentido praxístico, es decir con la mano y
con la mente, desde que la crisis del socialismo utópico forzó el
salto del comunismo utópico al comunismo marxista. Esta crisis
estalló abiertamente con la revolución de 1848 y desde entonces ha
habido un innegable enriquecimiento teórico que, si quiere seguir
siéndolo, ha de seguir basándose en el reestudio crítico de lo
anterior en base a las necesidades actuales y previsiblemente
futuras. Lo que ahora decimos no es nada nuevo porque, sin retroceder
más, ya en 1852 se insistía en que las revoluciones proletarias se
caracterizan por criticar una y otra vez su pasado para encontrar las
soluciones a su presente.

Por ejemplo, la teoría
marxista de la crisis está siendo confirmada y enriquecida desde
2007, lo mismo que la ley general de la acumulación del capital y la
ley de la caída tendencial de la tasa media de ganancia. Otro tanto
sucede con la dialéctica de la lucha de clases en todas sus
expresiones, imprescindible hoy en día. ¿Y qué decir sobre la
destrucción de la vida y de la tierra, sobre la rotura del
metabolismo socionatural de nuestra especie con la naturaleza por la
irracionalidad objetiva e inherente al capital? ¿Cómo entender
ahora la advertencia hecha en el Manifiesto Comunista según
la cual la burguesía se asemeja al brujo que no puede dominar las
fuerzas infernales que ha desatado con sus conjuros, si no es
reestudiando la lucha de clases desde 1848 hasta hoy mismo incluyendo
el previsible devenir de las tendencias socionaturales que se agravan
día a día?
Los comunistas sabemos
que esta permanente actualización crítica del pasado es un de las
garantías que permiten al movimiento revolucionario avanzar en la
lucha presente de cara a la victoria futura, y por esto seguiremos
estudiando y actualizando no sólo el siglo XX sino también el XIX,
y no sólo Europa sino también el saqueo del mundo por el
capitalismo. Más aún, tú planteas esta misma lógica en la segunda
pregunta, que ahora respondemos.
2. ¿La doctrina Monroe es la
política clave para entender toda la expansión militar de USA?
Hemos visto que la misma
lógica formal y dialéctica que mueve el pensamiento para responder
a las necesidades, nos lleva de forma inevitable a la actualización
crítica del pasado. Se trata de una inevitabilidad tendencial,
influenciada, desviada, reprimida y hasta cortada durante espacios de
tiempo que dependen de la lucha de clases y/o catástrofes naturales.
Es por tanto comprensible que para entender el militarismo actual
yanqui debamos retroceder hasta 1823, y también hasta la invasión
inglesa de la bahía de Chesapeake en 1607. Pero muy especialmente
debemos explicar, primero, las interacciones entre las razones
socioeconómicas del colonialismo ingles del momento, y las razones
políticas y militares imprescindibles para la expansión colonial; y
segundo, los cambios acaecidos desde entonces hasta la actualidad, no
olvidando nunca el salto cualitativo que supuso la independencia
burguesa de 1783 en Norteamérica.
Nos resulta imposible
realizar aquí siquiera un breve resumen de este largo proceso que
abarca la historia del capitalismo, por lo que vamos a limitarnos a
unos trazos de brocha gorda: a comienzos del siglo XVII Inglaterra se
encontraba en creciente lucha de clases interna y de presiones
externas de otras potencias, de modo que una de las soluciones fue el
expansionismo colonial y el destierro de las sectas cristianas
radicales que seguían un calvinismo estricto. La invasión fue
respondida bien pronto por las naciones indias, no pudiendo impedir
que su territorio fuera integrado en las propiedades de la Casa Real
inglesa en 1622, que se lanzó a apoderarse de la mayor cantidad
posible de tierras, incluidas las ya invadidas por españoles y
franceses. La independencia burguesa intensificó estas agresiones de
todo tipo justificadas ideológicamente por G. Washington y T.
Jefferson entre otros muchos a finales del siglo XVIII, creando la
base de lo que sería la Doctrina Monroe oficializada dos décadas
después. La política estatal y militar ya era crucial para esta
expansión colonialista, y sus componentes fueron estrechándose
hasta el presente, cuando Laura Richardson, jefa del Comando Sur,
explicó el 22 de septiembre de 2023 con inhumana crudeza porqué
EEUU debe controlar férreamente Nuestramérica para quedarse con sus
inmensos recursos en litio, tierras raras, agua, biodiversidad,
recursos energéticos en la plena acepción del término: desde los
alimentos hasta las energías llamadas «limpias»...

EEUU no tiene tropas
suficientes para ocupar Nuestramérica, o al menos las amplias zonas
que le urge saquear. Por eso busca obtener la sumisión de sus
burguesías y de sus ejércitos, sin los cuales apenas podría
expoliar eficazmente a tan gran territorio, pero insistiendo que
Nuestramérica solo puede ser «administrada», explotada por el
dólar. Peor aún, EEUU ha extendido al resto del planeta la Doctrina
Monroe llevando al extremo la ideología calvinista según la cual
hay que domeñar o destruir a quienes no acepten el mandato
supuestamente dado por dios a los «peregrinos» en 1607; “creced
y multiplicaos, y dominad la tierra”. Desde inicios del siglo XXI,
cada vez más niños yanquis son educados con mapas en la idea de que
las zonas más ricas en recursos del planeta son controladas por
«países irresponsables»: EEUU tiene la «misión» de liberarlas
para el bien de la humanidad. La militarización yanqui es
imprescindible en esta «misión» encomendada no por dios sino por
la ley de la acumulación del capital.
3. ¿Por qué tu interés sobre la
geopolítica?
Originariamente por las lecciones que
iba extrayendo de mis lecturas juveniles sobre historia militar,
aunque desconocía la palabra geopolítica. Si algo enseña la guerra
es que casi todo se reduce a la ventaja energética de un bando sobre
el otro, ventaja que puede ser contrarrestada por la superior
organización, teoría y conciencia del bando más débil,
dependiendo de sus contradicciones sociales internas y por la
naturaleza de la guerra: justa o injusta. Mis primeras lecturas del
marxismo disponible en la dictadura a finales de los ’60 supusieron
un salto cualitativo en la comprensión de la guerra. Poco después,
las guerras de liberación antiimperialista de la época, el estudio
de la crítica marxista del capitalismo y los debates en Euskal
Herria sobre la eficacia o ineficacia de la utilización de todas
formas de lucha, me volvieron muy crítico de las versiones burguesas
de lo que ya empezaba a llamarse geopolítica.
La propaganda imperialista durante la
llamada Guerra Fría así como la ideología burguesa de la casta
intelectual incluso progresista, hacía lo imposible por anular las
irresolubles contradicciones clasistas y socioeconómicas que
condicionan desde dentro los conflictos que, muy superficial y
parcialmente, analizaba la geopolítica burguesa: todo hacía parte
de la lucha frontal contra el marxismo. Antes de la implosión de la
URSS en Euskal Herria se libraron debates directamente relacionados
con el tema de la geopolítica: por ejemplo: la lucha de masas contra
las centrales nucleares, el referéndum sobre la OTAN en 1986, y el
cincuentenario del criminal bombardeo de Gernika en 1987. El
triunfalismo antimarxista posterior a 1991 reforzó la
superficialidad de la geopolítica burguesa. La debacle teórica de
la izquierda ante la destrucción de Yugoslavia, la guerra contra
Irak, etcétera, dejó el campo abierto a la fraseología de la
geopolítica burguesa lanzada a legitimar la euforia imperialista.

La carrera desesperada del imperialismo
emprendida desde finales del siglo XX para apropiarse de los recursos
aplastando pueblos, para cercar y asfixiar a Rusia, China e Irán,
para destrozar Cuba y Venezuela como antesala de la «reconquista»
de Nuestramérica, para contener el avance de los BRICs y de la
compleja multipolaridad, etc., apenas ha sido contrarrestada por la
izquierda porque, además de otras razones, interpreta las
contradicciones no desde el materialismo histórico que insiste en la
prioridad de las contradicciones y leyes tendenciales del
capitalismo, surcadas por la lucha de clases, sino desde la
separación absoluta de lo socioeconómico con respecto a lo
político, y desde la visión de la geografía como simple espacio
pasivo, de modo que lo militar, el militarismo y la guerra, es
reducido a instrumento mecánico del poder en vez de una fuerza
productivo/destructiva del capital.
En su correspondencia interna, Marx y
Engels hablaban de la «industria de la matanza de hombres» como
una rama productivo/destructiva fundamental en el capitalismo en los
momentos críticos pero también en su “normalidad”, lo que exige
el empleo metódico de la lógica dialéctica. La geopolítica
burguesa apenas tiene esto en cuenta, y cuando lo hace intenta aislar
totalmente la lógica global del capital de la lógica parcial de la
política burguesa, por lo que su valía, que la tiene, no exige más
que la limitada lógica formal para ser entendida.
4. Sobre uno de tus trabajos ¿Por
qué la libertad es atea?
La respuesta es muy
simple desde el ateísmo marxista: porque no puede haber libertad
alguna allí donde la conciencia esté atemorizada o supeditada a un
ente inasible, omnipotente, omnisciente y omnipresente, que dicta
nuestra vida y nuestra muerte al margen de nuestra voluntad.
Naturalmente, estoy usando aquí los atributos que los cristianos
afirman que tiene su dios, aunque no lo han conocido nunca en el
sentido científico de conocer. ¿Cómo pueden atribuir esas
cualidades a alguien incognoscible? Para responder a esto debemos
recurrir a la categoría necesidad/derecho/libertad, que no solo a la
de necesidad/libertad.
La evolución de la vida
y en nuestro caso la antropogenia, depende de la obtención y consumo
de materia: la necesidad ciega es aquella que no puede satisfacerse
porque carecemos de conocimientos y de medios para obtenerla,
transformarla, almacenarla y repartirla equitativamente. Conocer y
superar la necesidad ciega es la primera exigencia de la vida y de la
justicia en su seno, pero aquí las personas creyentes tienen un
serio problema irresoluble desde su fe: aceptan que es la voluntad de
eso incognoscible la que les impide la superación de esa necesidad
ciega, maldad que sucede muy frecuentemente porque la antropogenia
tiene necesidades múltiples y crecientes, muchas de ellas aún
desconocidas o conocidas muy limitadamente. Peor aún para los
creyentes: eso incognoscible que adoran podría habérselas enseñado
y satisfecho hace miles de años, pero no le apetece ahorrarles ese
sufrimiento.
En la medida en que las
necesidades en el sentido comunista de «necesidad humana»,
aumentan por el avance de las fuerzas productivas, su satisfacción
tiende a facilitarse por el incremento del conocimiento inherente a
ese desarrollo productivo, pero a la vez, dialécticamente, aumentan
los frenos que la clase burguesa impone a su satisfacción
liberadora. Ahora mismo es innegable el antagonismo entre el
potencial emancipador ínsito de las fuerzas productivas y las
prohibiciones impuestas deliberadamente por el imperialismo. Frente a
esta realidad inhumana, los y las creyentes sólo pueden implorar
compasión a su dios para que, en el mejor de los casos, acepte sus
imploraciones y reduzca sus padecimientos. Estas no son
disquisiciones filosóficas sobre creencias, agnosticismos y ateísmos
varios, no; son realidades del sufrimiento humano en el imperialismo.
Un marxista dijo una vez que el llanto demuestra la inexistencia de
las y los dioses, y nosotros añadimos que también demuestra la
profunda inmoralidad y ética inhumana de los y las creyentes que
aceptan esa injusticia con la excusa de la voluntad de un ente
incognoscible.
Llegados a este punto, la
pregunta es: ¿tenemos o no tenemos “derecho” a oponernos a los
caprichos divinos al desarrollar la ciencia y la filosofía
materialista, y luchar contra la propiedad privada y por el
comunismo, rechazado furiosamente por ese ente incognoscible? Para un
marxista, derecho y religión son inconciliables, como lo son
democracia y monarquía. Religión y monarquía son armas de
destrucción de la humanidad que lucha contra la propiedad privada.
Es cierto que han existido y existen en el cristianismo muy reducidas
sectas y grupos «de liberación», pero eso solo demuestra que las
clases opresoras que han construido el cristianismo no han podido
aniquilar del todo los pocos restos de la memoria de resistencia
utópica de las clases explotadas, a pesar de las atrocidades que han
sufrido. No lo han logrado porque la objetividad histórica de la
lucha de clases siempre es superior a las amenazas de eterno infierno
que aterrorizan y paralizan a millones de oprimidas y oprimidos.

No hablamos sólo de las
presiones cristiana en las campañas electorales para que los
creyentes voten a las derechas, o como mal menor al reformismo pero
nunca a las fuerzas revolucionarias. Tampoco hablamos de la
impresionante industria de alienación de masas propiedad de grupos
cristianos, etc. Nos referimos también a otra forma más
imperceptible de imponer la obediencia desde el inicio de la vida: la
familia cristiana, la educación privada y concertada, las mil formas
de liturgia, el sacramento de la confesión…, y en síntesis, la
condena del derecho a la rebelión contra dios como el peor de los
pecados merecedores de la excomunión y el infierno eterno. Dado que
la rebelión se presenta tanto en la ciencia como en la revolución,
en el arte y en la política, en la familia y en el amor, etc.,
prohibir ese derecho esencialmente humano es impedir la resolución
de las necesidades que esa rebelión quiere solucionar. La historia
de la libertad humana es la historia del derecho a la rebelión para
vencer el terror físico y mental que impide resolver las necesidades
radicales.
¿Dónde queda entonces
la libertad para un creyente? Queda en su vana ilusión de que es
libre en la medida en que actúa dentro de los límites tolerados por
el ente incognoscible al que obedece, al igual que un drogadicto se
cree libre únicamente cuando se chuta una dosis. Desde Leibniz hasta
Engels pasando por Hegel, para no extendernos, la categoría de
libertad se ha ido concretado en la capacidad y el deseo de hacer la
revolución en sus infinitas formas que siempre confluyen en el
comunismo. Cualquier duda e indecisión que frene o anule la
conciencia de la necesidad y el derecho de luchar por la libertad,
muestra la flexible y adaptable fortaleza de las cadenas mentales,
idealistas y dogmáticas, introyectadas en las personas alienadas
desde los primeros instantes de su vida. Contra esto, Marx dijo una
vez que su ideal de felicidad era la lucha y que la sumisión era su
ideal de desgracia.
5. ¿Por qué publicaste tu libro
“Nacionalismo revolucionario”?
La parte fundamental del
libro la escribió Josemari Lorenzo Espinosa, yo hice la
introducción. Lo publicó Boltxe en 2017, y se integraba en el
esfuerzo colectivo para impedir que tanto la presión de la ideología
burguesa en cuanto tal, como la desmovilización intelectual y
política generada por la deriva reformista de un amplio sector de la
izquierda abertzale de entonces, destruyeran la memoria histórica
del pueblo trabajador, incluida su memoria militar que se remonta a
las lucha de clases interna y de resistencia a los ataques de los
imperios español y francés desde los siglos XV-XVI, agudizándose
sobremanera desde el siglo XVIII. Se veía necesario también
explicar la praxis militante de tres –Etxebarrieta, Txabi y
Argala-- de los cientos de personas militantes que habían dado su
vida por la independencia socialista de Euskal Herria desde la década
de 1960.
Aquél esfuerzo teórico
no fue en balde porque ya para entonces venía impulsado por la
reorganización de izquierdas revolucionarias que mal que bien habían
logrado no ser engullidas por el remolino reformista y avanzaban en
su asentamiento y expansión. Existía, por tanto, una base objetiva
y una necesidad político-intelectual creciente para reactivar un
debate crucial, tanto más cuanto que desde hacía casi una década
el soberanismo reformista había abandonado ese decisivo campo de
batalla en post de la «normalización», en post de «abandonar el
conflicto en la calle y centrarlo en el parlamento». Además, para
2017 ya se vislumbraban los síntomas de que la frágil recuperación
económica tras la debacle de 2007-2010, empezaba a debilitarse
estructuralmente, como se comprobó definitivamente en 2019-2020. Era
urgente, pues, reactualizar la valía de las bases socialistas y
hasta comunistas del independentismo. Y así se hizo en este libro y
en otros más.

Tal esfuerzo colectivo
facilitó que la nueva militancia obrera joven y la menos joven pero
desorientada y decepcionada, comprendiera con relativa facilidad la
dialéctica de la historia precisamente cuando, desde inicios de
2020, la pandemia azotó con fuerza desconocida, y cuando a inicios
de 2022 la guerra injusta de la OTAN contra Rusia así como el
endurecimiento del imperialismo contra el mundo entero añadió
gravedades nuevas que empeoran de manera terrible la tercera Gran
Depresión histórica de la civilización del capital en la que ahora
nos encontramos.
6. Acerca de la
experiencia del MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco) ¿Qué era el EHAK (Partido Comunista de las
Tierras Vascas)? ¿Qué fue EAE-ANV (Eusko Abertzale Ekintza)? ¿Cómo
se ha dado el caso de que la izquierda abertzale este tan disgregada
y fraccionado como el MCE (Movimiento Comunista Español)?
EAE-ANV (Eusko Abertzale
Ekintza-Acción Nacionalista Vasca) fue creada en 1930 al rechazar el
giro a la derecha del PNV, fuerza dominante en el nacionalismo
burgués. Su aparición se dio durante la efervescencia sociopolítica
que se vivía con el agotamiento de la dictadura militar desde 1923,
agravada por la crisis mundial de 1929. La dictadura obligó a pasar
a la clandestinidad al proceso de radicalización nacional y social
del pueblo trabajador, dentro del cual surgían sectores que ya
miraban a la independencia, al anarquismo, al socialismo y al
comunismo bajo el ejemplo de la III Internacional. EAE-ANV no era
oficialmente socialista pero su radicalismo en la lucha de clases
anterior a 1936 le distanció aún más del PNV. Organizó batallones
de gudaris de merecida fama. Fue inmediatamente perseguida por el
franquismo aunque resistió en la clandestinidad siendo una de las
fuerzas fundadoras de Herri Batasuna, hasta ilegalizarla de nuevo
por la «democracia» en 2008.

EHAK fue creada en 2002
al calor de los debates que se mantuvieron en Batasuna en 2001,
integrando sectores comunistas de diversas corrientes, entre ellas
EHK, que más o menos coincidían en que dentro de la izquierda
abertzale había sectores teórica y políticamente débiles a partir
de los cuales podría coger fuerza una línea socialdemócrata aún
no visible, aunque esos temores siempre se mantuvieron dentro de las
estructuras de la izquierda abertzale para evitar que fueran
manipulados por el Estado. La ilegalización de Batasuna en 2003 y el
endurecimiento de la ola represiva que venía sufriéndose desde
hacía años, hicieron que EHAK asumiera ser la «firma electoral»
de la izquierda abertzale en las elecciones de 2005, obteniendo 9
diputados, dos más que Batasuna en 2001. Solo tres años después en
2008, EHAK también fue ilegalizada.
No se puede poner en el
mismo nivel a la crisis del movimiento comunista “español”,
mejor decir “del Estado” porque existen otras naciones obreras
oprimidas que tienen comunistas en su interior, y a la crisis de la
izquierda abertzale porque se viven en dos formaciones sociales y
económicas, además de históricas y lingüístico-culturales, muy
diferentes. Es verdad que ambas son capitalistas en la esencia, en lo
genético-estructural, pero tienen enormes diferencias en las formas,
en lo histórico-genético, tan grandes como el hecho comprobado
durante décadas de que la lucha de clases en Euskal Herria es
bastante más fuerte que la del Estado. Hablar por tanto de «crisis
del movimiento comunista» nos exige precisar al menos dos niveles de
la misma crisis: el práctico y el teórico.
Un punto de discordia
teórica entre comunistas independentistas y estatalistas, que
defienden la prioridad de la unidad estatal de las diversas
izquierdas para, primero, hacer la revolución y luego, más tarde,
aplicar el derecho de autodeterminación, este punto no es otro que
la ley del desarrollo desigual y combinado que explica que las ritmos
e intensidades de la lucha de clases varían de un país a otro según
su historia. Las crisis de las izquierdas deben ser vistas, entonces,
dentro del desarrollo desigual en lo histórico-genético y combinado
en lo genético-estructural. En concreto, la lucha de clases en
Euskal Herria sigue siendo ahora mismo mucho más intensa y extensa
que la de todo el Estado. Leamos esto:
«Los datos son incontestables: el 50,36% de las huelgas que en 2022 se registraron en España se concentraron en el País Vasco. Es decir, 342 de las 679 huelgas que tuvieron lugar en España se registraron en la Comunidad Autónoma de Euskadi, según el último balance del Ministerio de Trabajo. El volumen es aún más llamativo si se atiende a las jornadas no trabajadas con motivo de una huelga, donde el porcentaje llega hasta el 54% del total, o al número de trabajadores que participaron, que alcanza el 55% de todos los que en España secundaron huelgas. Datos sorprendentes para una comunidad cuyo peso poblacional no llega al 5% del total y que invitan a analizar con expertos y con las propias partes implicadas las razones de esta tendencia.».
Sin poder extendernos, los datos de 2022 confirman la tendencia al alza de la lucha de clases en Euskal Herria desde, al menos 2001 como lo demuestra una muy rigurosa investigación realizada en 2020. Volviendo al ahora, la población de la CAV no llega a los 2.230.000 habitantes mientras que la de Madrid casi llega a los 7.000.000, más del doble. Si hiciéramos abstracción de la historia y aplicáramos la realidad vasca a la lucha de clases en Madrid, tendríamos, siempre en abstracto repetimos, que Madrid debería aportar más del 100% de la lucha de clases en el Estado, pero ni remotamente es así. La desigualdad del ritmo y arraigo popular de las luchas se acrecienta al ver otras resistencias como veremos en la respuesta a la pregunta sobre las drogas.

¿Podemos
hablar entonces de la misma crisis política? Cometeríamos un error
si redujéramos la crisis a los altibajos electorales y/o a la mera
contabilidad de asistencia a las grandes manifestaciones de masas. Es
cierto que hubo un bajón militante en sectores revolucionarios por
razones que sería largo exponer, entre ellas la aplastante represión
y en especial el giro reformista del soberanismo vasco; pero también
es verdad que, como hemos visto con las cifras de participantes en
huelgas, existe una recuperación de la «otra izquierda», la
silenciada pero verdadera, la de las asambleas, manifestaciones,
huelgas, golpes, represiones, multas, juicios… en medio de un
empobrecimiento en aumento impuesto por la burguesía. Es esta
izquierda práctica y teórica
la que se está recuperando y
creciendo en Euskal Herria. Por tanto la crisis del movimiento
comunista vasco es menor, más débil, que la que azota a la del
Estado español, aunque aquí debiéramos decir algo sobre la
militancia comunista de las naciones oprimidas por el imperialismo
español, pero desborda nuestro espacio.
7. ¿La izquierda abertzale ha
luchado contra el tráfico de drogas en EH?
La izquierda abertzale
venció en uno de los frentes entonces decisivo de la guerra contra
las drogas: el de la heroína. Mostró que era un arma de exterminio
psicofísico contra el pueblo trabajador y especial contra la
militancia revolucionaria. También demostró el papel de las fuerzas
represivas y las ganancias que obtenía con ella el capital que
lavaba el dinero de las mafias relacionadas con fuerzas represivas.
Euskal Herria sufría entonces la mayor cantidad de fuerzas armadas
por habitante, y la mayor cantidad de prisioneras y prisioneros
políticos de Europa según su extensión geográfica y su población,
y a pesar de ello era el sitio con la heroína más barata y de fácil
acceso.

Fue un frente de guerra
muy duro, con muertos, torturados, encarcelados, sostenido por una
densa red de colectivos amplios integradores de distintas
sensibilidades pero unidos por el objetivo de acabar con la heroína.
Este método de autoorganización desde la base alrededor de un
objetivo de amplia aceptación de masas también existía en la lucha
por recuperación del euskara y de la cultura vasca, por la amnistía,
por la victoria sobre la nuclearización, por la creación de prensa
crítica en euskara y en otras lenguas, por los derechos de la mujer
trabajadora, por una educación euskaldun y progresista, por el
deporte popular… Semejante capacidad autoorganizativa amplia,
plural e integradora era parte fundamental del humus en el que se
hundían otras raíces obreras y populares que explican por qué se
recupera la lucha de clases en generalidad con la especial
intervención de la juventud trabajadora. Pero no se ha ganado la
guerra total contra las drogas, que siguen pudriendo conciencias y
asesinando cuerpos, aunque no en las cifras criminales de aquellos
años.