domingo, 25 de enero de 2026

Entrevista a Edgar Gómez Guill, autor de "La construcción del discurso sobre la guerra de Siria"

Doctorando en Comunicación: "La construcción del discurso sobre la guerra de Siria" || Profesor de Ciencias Sociales y Lengua Inglesa.



1. ¿Por qué te interesaste tanto por los conflictos internacionales?


El conflicto es inevitable e inherente al ser humano. El problema es cómo se gestiona. El mundo es conflictivo y las naciones entran en disputa cuando tienen intereses contrapuestos. Desde una perspectiva humanista esto es realmente interesante, porque la conflictividad permite comprender mejor cómo funciona el ser humano. 


Los conflictos internacionales empezaron a interesarme especialmente a partir de comprender que la política exterior de los países sirve para entender gran parte de la forma en la que funcionan internamente. Además, siempre he tenido especial fijación en las dinámicas de poder y en la manera en la que las naciones avanzan o retroceden. Considero que los conflictos son la materia prima de esa evolución.



2. Siendo experto en este campo ¿Cuál dirías que es el mayor responsable de la situación bélica que vivimos a escala bélica? Israel, Rusia, USA, China...


La escalada bélica internacional que estamos viviendo en el mundo postpandemia tiene un claro protagonista: los Estados Unidos de América. Independientemente de quién gobierne la Casa Blanca la agenda expansiva es clara, al menos hasta finales de la segunda década del siglo XXI. Ahora, EEUU se encuentra en un momento de transición que a mi juicio es muy peligroso: parece no querer aceptar que ya no son el hegemón indiscutible del mundo de después de la Guerra Fría mientras intenta imponerse unilateralmente en áreas que considera de su influencia. Es una visión cortoplacista y descontextualizada del mundo que coquetea con una guerra global que sería devastadora. Como decía Gramsci, es en esos momentos de transición, en esos claroscuros, donde surgen los monstruos. Por suerte, China, la única civilización que parece poder plantar cara a Occidente, entiende el mundo y se percibe a sí misma de forma muy distinta, lo que supone un muro de contención que alivia. 


En un análisis más historiográfico se debería incluir también al Reino Unido por las implicaciones que ha tenido la expansión de su imperio en los siglos XIX i XX y por las nefastas consecuencias que ha tenido en muchas de las zonas que conquistó. Asimismo, tampoco se puede obviar el papel del colonialismo francés en África, especialmente en el Sahel, donde existen numerosos conflictos olvidados por la prensa occidental con unas implicaciones insospechadas para, por ejemplo, la estabilidad de Europa. Por último, tenemos a Israel, que actúa como punta de lanza de los intereses estadounidenses en su región. Su papel resulta fundamental de cara al futuro cercano puesto que, por lo que parece, no es un perro atado tan en corto como parecía. Muchas veces da la impresión de que la agenda de Washington se marca desde Tel Aviv. Parece que el sionismo internacional no se constriñe únicamente al conflicto palestino-israelí y eso es una amenaza global que suele pasarse por alto. 



3. Te has centrado en estudiar la guerra de Siria ¿Alguna opinión del régimen de All Assad?


No me gusta el concepto “régimen”; es tendencioso. Los Assad dominaron Siria durante más de 50 años con éxitos y fracasos. Consiguieron aglutinar un mosaico étnico-cultural-religioso en una zona complicadísima de gestionar de forma satisfactoria durante gran parte de su gobierno. Cristianos, drusos, kurdos, asirios, alawitas, chiís, sunís, etc. pudieron convivir de forma más o menos armónica durante grandes fases de su gobierno. Es cierto que parte de la estrategia para conseguirlo pasó por la represión de aquellos grupos que querían imponerse sobre los demás, especialmente algunas de las ramas suníes que circulaban por Siria en la década de los 80, como la Hermandad Musulmana. Los sucesos de Hama en 1982 dan buena cuenta de ello. Tampoco es mentira que las estructuras del gobierno habían quedado anticuadas y desactualizadas en algunos aspectos, así como que la corrupción era notable en algunas capas del mismo. No ha de obviarse, asimismo, que Siria ha enfrentado una crisis en el campo y una sequía sin precedentes que se ve profundamente acentuada por la ocupación de los Altos del Golán (una de las zonas más fértiles del país) por parte de Israel y el control que Turquía ejerce en las aguas del Éufrates. Eso resta soberanía alimenticia e hídrica a Siria, lo cual la condena geográficamente hablando. Si no se tiene en cuenta esto, es imposible entender qué hay detrás de las mal llamadas Primaveras Árabes y de las particularidades del caso sirio a este respecto.



No obstante, el tiempo ha acabado dando la razón a aquellos que defendían que la caída de Assad propiciaría la caída del estado sirio en su conjunto, dado que también fue esencial para contener la pretendida influencia extranjera, especialmente la de Turquía, Arabia Saudí, Qatar, Israel y Estados Unidos. Con la caída de los Assad, Siria ha perdido gran parte de su soberanía como estado, y la poca que mantiene ha quedado en manos de antiguos combatientes de Al Qaeda o Estado Islámico. 


El mosaico se ha partido por la mitad, y ahora tenemos a grupos e individuos yihadistas campando a sus anchas por Siria y por los palacios presidenciales de medio mundo mientras masacran a las minorías que no se ajustan a sus creencias. Es una fractura en el sistema de valores que avanza el colapso civilizatorio de aquello que se ha conocido como “Occidente”. 



4. ¿Al Julani ha vendido la soberanía de Siria a las potencias extranjeras?


Al Julani ha sido un instrumento de las potencias extranjeras que querían derrocar a Al Assad a toda costa. A partir de ahí, podríamos convenir en que, efectivamente, el exlíder de la filial Al Qaeda en Siria ha aceptado las condiciones que potencias como EEUU, Turquía o Israel le han impuesto para poder ascender al poder. A este respecto, cabe destacar la limpieza étnica llevada a cabo contra las minorías alawitas, drusas y kurdas en áreas de influencia de las potencias mencionadas. 


Son masacres permitidas e incluso perpetradas por aquellas potencias que están mucho más cómodas con un yihadista en el poder que les baila el agua que con un gobierno que no se dejaba amedrentar por agendas externas. Es el colmo de nunca acabar: lo que hoy es un “freedom fighter” mañana es un “terrorista”, y lo que hoy es un “terrorista”, mañana es un “freedom fighter”. Es la batalla del relato, y debemos estar prevenidos ante ello.



5. ¿Consideras que los medios de comunicación occidentales y ONGS han sido objetivos por las causas de la guerra en Siria?


Rotundamente no. La objetividad periodística no existe. Y en cierto sentido ni siquiera es deseable. Un medio debe de ser honesto, riguroso y profesional, pero ni el proceso de construcción de la noticia ni las circunstancias ideológicas, económicas y financieras de los medios o de los propios periodistas permiten la objetividad en ese campo. Con las ONGs pasa un poco lo mismo, aunque desconozco su funcionamiento por norma general. En los momentos álgidos del conflicto sirio se puede observar cómo organizaciones como los Cascos Blancos o Human Rights Watch juegan un papel propagandístico a favor de la caída del gobierno clarísimo, muy alejado del supuesto rol que deberían tener.


A mí me obsesiona especialmente el hecho de que los medios generen propaganda que incite a propagar y perpetuar la guerra; creo en una forma de comunicar diferente: que no deshumaniza, que contextualiza y que invierte esfuerzos en exponer las causas estructurales y culturales de la violencia visible. Creo que solo así el periodismo puede cumplir con un rol positivo, tanto en Siria como en todos los conflictos, bélicos y no bélicos. Durante mi tesis estudié mucho una propuesta periodística de cobertura de conflictos que me llamó poderosamente la atención en este sentido: el Periodismo de Paz, surgido en la década de 1960. Aún con sus fallas y defectos teóricos creo que es un buen punto de partida para que el periodismo cumpla la función social que nunca debió abandonar: la de ser más propositivo que destructivo. Los relatos deben de tejer alianzas, no construir barreras. Y no lo digo en abstracto: el materialismo dialéctico ayuda a ello y Marx fue una especie de protoanalista del discurso que defendía que los conceptos deben tener un origen material para ajustarse a la verdad.



6. ¿Cómo fue llevar a cabo tu tesis sobre la guerra de Siria?


Ha sido toda una odisea. Cuatro años de un trabajo muy duro combinado con una jornada completa en el instituto en el que trabajo. No es algo que recomendaría a cualquiera; creo que deben de cumplirse una serie de requisitos para no perder fuelle durante los años que investigas, destacando especialmente que te apasione aquello que estudias. Pero en mi caso el camino ha merecido mucho la pena; me ha entusiasmado todo lo que he ido descubriendo y he aprendido muchas cosas que quiero aplicar en futuras investigaciones. 


Además, he tenido que enfrentar problemas derivados de las restricciones que la Unión Europea impuso a los medios de comunicación rusos, dado que RT English fue una de las plataformas que analicé para el trabajo. Por suerte, pude visitar países de la región de Oriente Medio, como Irán, la misma Siria o el Líbano, en los que pude recabar toda esa información que estaba prohibida en nuestro territorio. 


Ha sido un cúmulo de emociones fuertes que he tenido que manejar de la forma más equilibrada posible para no desviar el foco y conseguir el objetivo principal: aprender.




7. ¿Por que muchos simpatizantes del Ejército Libre Sirio niegan que tras la caída de Bashar al-Assad existen persecución a alauitas, cristianos, las mujer siria está perdiendo derechos...?


Porque desconocen la realidad de lo que pasa sobre el terreno, porque aceptan asépticamente los relatos que les son impuestos y porque no sufren las consecuencias de lo que defienden. Básicamente se alinean a ciegas con la postura maniquea que desde el inicio del conflicto asumió que todo lo que estaba en el bando contrario de Assad era algo bueno o, como mínimo, deseable porque se enfrentaba a la “opresión del tirano”. Era todo una farsa. Existían zonas grises que nadie supo explotar y que quedaron olvidadas, creo que de forma premeditada, por gran parte de la prensa que cubrió el conflicto, a veces de forma muy sutil, como he podido descubrir en mi investigación. Según la ONU, la guerra de Siria es la peor catástrofe humanitaria tras la Segunda Guerra Mundial; eso no hubiera sido así si los relatos entorno al conflicto no hubieran polarizado tanto a los actores. 


Muchos de los simpatizantes que mencionas se están rasgando ahora las vestiduras con la caída de las SDF y la persecución contra los kurdos, con quienes simpatizaban desde el inicio del conflicto en consonancia con los intereses de los EEUU en la zona. Curioso. Y sintomático. Los kurdos estaban amparados por el gobierno de Assad, y tras la pérdida de su protección no han obtenido la ayuda que se esperaba para poder aguantar. Roma no pagaba traidores, Washington, tampoco.  


Con los alauitas y los drusos, más de lo mismo. Así como con los cristianos, quienes habían gozado de una protección difícilmente comparable con cualquier otro país de la región. Ahora las cosas han cambiado y, como dije antes, el mosaico cultural está roto. El conflicto sirio se ha cerrado en falso, y eso puede ser devastador. 



8. ¿Por que la Siria baazista era fundamental para la Resistencia Palestina?


Siria era, junto con Irán y Hezbollah, el último eslabón de la cadena de resistencia en Oriente Medio ante la agenda sionista compartida entre EEUU e Israel. Al descabezar a Hezbollah dieron el primer paso, tumbando al gobierno de Assad, el segundo y ahora todo apunta a que el sionismo internacional volcará todos sus esfuerzos en Irán para derrocar a los Ayatolás. Pero la nación persa es otra cosa, y Washington y Tel Aviv deben equilibrar muy bien qué hacen allí, porque pueden salir tocados de muerte. 


En este contexto, como siempre, los primeros en sufrir las consecuencias son aquellos que tienen menos capacidad para defenderse, y los palestinos son una buena muestra de ello.


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