miércoles, 2 de mayo de 2018

Entrevista a OCR (Organización Comunista Revolución)


1. ¿Qué es Organización Comunista Revolución?
Revolución es una organización comunista, es decir, que entiende que el capitalismo es un sistema injusto y despilfarrador, donde la parte de la población que lo produce todo, y se queda con lo justo para vivir el día a día, la clase obrera, puede y debe quitarse de encima a la élite empresarial que, llegados a este punto de la Historia, se dedica básicamente a aprovecharse del trabajo ajeno para hacer cada vez más grandes sus negocios. Así, la clase obrera, junto al resto de la población trabajadora, podría reorganizar la economía y construir un Estado nuevo al servicio de los intereses mayoritarios de la población, construir un poder obrero que garantizase el progreso social, un sistema Socialista.
Como pensamos que la burguesía no va a regalar lo que considera “suyo por derecho”, por mucho que sea fruto del esfuerzo de la clase trabajadora en su conjunto, y que toda la administración y los cuerpos de coerción, o sea el Estado “democrático”, está construido en última instancia para garantizar la sostenibilidad de ese sistema económico, de esa propiedad privada de los medios de producción, a la clase obrera no nos dejan más alternativa que prepararnos para un movimiento revolucionario que cambie definitivamente las cosas.


Y no podemos confiarnos y pensar que todo el aparato político, burocrático y represivo que cuenta con “lo mejor de lo mejor” de los servidores del empresariado va a ceder frente a un movimiento espontáneo o un estallido social momentáneo, debemos contar con un Partido político que, estando enraizado en la clase obrera y siendo referente de la población tanto por su esfuerzo en la lucha social como por su claridad a la hora de analizar, planificar y explicar, organice todos los pasos necesarios para que todo sea posible.
Esa organización que queremos es el Partido Comunista y pensamos que es claro que hoy por hoy ninguna organización comunista de las existentes en nuestro país somos esta organización, de modo que, como nuestro principal objetivo, trabajamos activamente por construir este Partido Comunista a través de la formación teórica y práctica, la estructuración en base a una disciplina consciente y el centralismo democrático, la planificación política y otras cuestiones internas de la organización, la agitación y la propaganda, así como la lucha junto al resto de la clase obrera, principalmente a través de los sindicatos obreros, estudiantiles y los colectivos feministas.


2. ¿Por qué antes os llamabais JCE(ml)?
La mayoría de las personas que fundaron la Organización Comunista Revolución representaban anteriormente la mayoría de la JCE(m-l) y por diferencias políticas y organizativas decidieron separarse del PCE(m-l). Durante el tiempo entre esa separación y el Congreso fundacional de Revolución, aproximadamente 1 año de debates importantes, se mantuvieron las siglas, aunque siguiera incorporándose nueva militancia.
Es importante remarcar que hoy en día la mayoría de la militancia de la Organización Comunista Revolución no ha formado parte nunca del PCE(m-l), y una gran cantidad de esta militancia ni siquiera formó parte de la JCE(m-l) ya independiente, sino que se incorporó tras el Congreso fundacional de Revolución.
Es decir, la JCE(ml) es una organización distinta a la nuestra, enmarcada de proyectos políticos diferentes y sin vinculación alguna.

3. ¿Por qué decidisteis separaros del PCE(ml)?
Por lo comentado en la anterior pregunta, esto no es para nuestra organización una cuestión de actualidad o que nos defina. Por dar una respuesta concisa, las personas de la JCE(m-l) que en su día se separaron del PCE(m-l) no compartían los postulados políticos y organizativos principales de aquella organización. Dado que tanto nuestros posicionamientos como los suyos son públicos en muchas materias, no creemos necesario entrar en detalles, dado que, como hemos indicado, nuestra organización no es ni por enfoque, ni por composición numérica, una organización que se haya separado de otra.

4. ¿Estáis a favor de la reconstrucción del "Partido Comunista"?
No sólo estamos a favor sino que lo consideramos el objetivo estratégico principal para el momento político actual. Entendemos que sin una organización política revolucionaria con gran dominio del marxismo-leninismo como herramienta de análisis, con una implantación fuerte dentro de la clase obrera y una cierta representatividad dentro del resto de sectores de la clase trabajadora, sería absurdo que nos planteáramos retos políticos más complejos porque no tendríamos la herramienta para superarlos. Por eso entendemos que la clave (de nuestra organización y de otras tantas) es encontrar las tácticas más efectivas para construir esa herramienta política.

5. ¿Qué significa para vosotros la reconstrucción del "Partido Comunista" y cómo se lleva esta tarea a cabo con otras organizaciones comunistas? UCE, UP, PTD, PCE...
Teniendo en cuenta la importancia que le damos a este objetivo, seguimos en proceso de debate, profundizando tanto en los elementos como en las vías para la Reconstrucción. Sin embargo sí que podemos aportar ya algunas ideas que tenemos claras. Entendemos la reconstrucción del Partido Comunista como el proceso que supone la fusión entre el socialismo científico y el movimiento obrero:
El primer elemento hace referencia a una organización y una dirección política con gran capacidad de uso del marxismo-leninismo como herramienta de análisis. Esto pasa por un profundo conocimiento de la experiencia histórica del movimiento revolucionario de cara a poder sacar conclusiones de sus aciertos y errores. Pero también pasa por saber realizar análisis materialistas y dialécticos del presente y saber extraer de ellos orientaciones prácticas efectivas, es decir, una táctica correcta. Para esto es necesario que la organización se dote de un plan de formación sistemático que asegure la evolución política de sus cuadros en relación a su práctica política y, por otro lado, una vasta experiencia en el trabajo político de masas que permita detectar con facilidad los cambios de flujo y reflujo y adaptar las orientaciones tácticas a cada momento.
El segundo elemento, el movimiento obrero, se refiere a que el Partido Comunista debe construirse aprendiendo a dirigir las luchas de la clase obrera, siendo esta la materia prima del mismo tanto en militancia como en base y apoyo social. Esto se debe principalmente a que es la única que por su posición en la producción tiene la fuerza tanto para tumbar al Capitalismo como para construir una alternativa socialmente justa, el Socialismo. Sin embargo, es cierto que tras numerosos fracasos, traiciones y decepciones la clase obrera está muy alejada de la perspectiva comunista y el reto de cualquier organización revolucionaria consecuente en estos momentos es elaborar formas efectivas de trabajo ideológico entre la misma.


Explicado muy sucintamente, como lo hemos hecho en otros artículos como los que sacamos con motivo del centenario de la revolución soviética, creemos que el reto actual es atraer y formar en el comunismo a la parte más decidida, valiente y progresista de la clase obrera, a la vez que, junto a esa parte de la clase obrera, aprendemos a dirigir en la lucha a capas ideológicamente menos cercanas de la clase obrera y el resto de la población trabajadora.
Con esto enlazamos el trabajo con otras organizaciones. La reconstrucción del Partido Comunista no es la suma de los distintos destacamentos comunistas, por un lado porque la clase obrera seguiría al margen de ese proceso y por otro porque esa vía se ha demostrado como fallida con las distintas unificaciones de organizaciones comunistas que han acabado en ruptura. Nosotros entendemos que el trabajo y el debate con otras organizaciones comunistas cuya línea sea reconstruir el Partido y el trabajo político-ideológico entre la clase obrera es fundamental y así lo hacemos. Pero no entendemos estos contactos como un camino que nos lleve a la unificación entre destacamentos. Lo entendemos como una forma de contrastar la distintas orientaciones tácticas (ya que es cierto que estamos intentando llegar a los mismos objetivos por caminos distintos) haciendo balances honestos, de forma que sea la práctica la que demuestre los aciertos de unos y otros. Entendemos también que ninguna de las líneas va a ser plenamente acertada y que de cada una se sacarán aciertos y errores, por lo que consideramos fundamental desarrollar formas de debate honesto entre organizaciones que superen rivalidades o enfrentamientos sectarios. Es precisamente mediante este proceso por el que podemos que puede darse una cohesión de línea política en el Movimiento Comunista de España al que seguirá una unidad orgánica.

6. ¿Apoyáis la lucha sindical?
Para responder a esta pregunta, que es muy amplia, hay que empezar con un matiz: la lucha sindical no se apoya, la lucha sindical tiene lugar independientemente de que las y los comunistas simpaticen más o menos con ella.
La lucha sindical es una tendencia natural de la clase trabajadora en sus distintas formas y estratos, dado que desde un punto de vista económico no es más que la negociación en grupo de las condiciones en que las y los trabajadores venden su capacidad de trabajar al empresariado.
La propia naturaleza espontánea de la lucha sindical entraña contradicciones y cuestiones peliagudas, como por ejemplo Antonio Gramsci explicaba en su artículo Sindicatos y Consejos: implica que el sindicato juegue por un lado el papel de organizador de la lucha por unas mejores condiciones de trabajo en el marco del sistema capitalista y por otro el de disciplinante de su propia afiliación para garantizar que los acuerdos adquiridos son respetados por parte de sus afiliados, que la clase obrera respeta la legalidad “acordada” con la burguesía, de manera que la burguesía esté dispuesta a llegar a acuerdos y el sueldo siga llegando a casa. Además, la especialización y carácter multidisciplinar de las reivindicaciones sindicales lleva también de forma natural a la dotación de estructuras más o menos permanentes y muy grandes.
Todo ello combinado trae consigo un alto riesgo de acomodo y burocratización, o en el menor de los casos de cierto distanciamiento hacia su afiliación, de la estructura de cualquier sindicato realmente influyente.
Como también explica Gramsci en el mismo documento, el sindicato en última instancia siempre va a tener que hacer cumplir los acuerdos, al menos por norma general, a los que llega con la burguesía, para consolidarlos y para garantizar que su propia base obrera entiende la necesidad en el corto plazo de estar en esa organización.
Entonces la pregunta clave es: ¿Qué hacemos las y los comunistas con los sindicatos? ¿Qué hacemos con una actividad social que encuadra y empuja periódicamente a las y los trabajadores a pelear por sus condiciones de vida, a experimentar su potencial fuerza, a tener una primera experiencia clara de quién es su enemigo; pero que a la vez entraña en sí misma la tendencia al acomodo, al respeto a la legalidad burguesa y sus acuerdos temporales?

Concentración de los sindicatos de UGT y CC.OO contra los "accidentes" laborales

Nuestro papel en los sindicatos debe ser superar la tendencia al conformismo, al legalismo, al acomodo. Nuestro papel es explicar y demostrar por la propia experiencia cercana de la clase obrera que los acuerdos adquiridos con la burguesía no son más que el resultado de una lucha frente a ella, de algo que se le ha conseguido arrancar temporalmente a la burguesía, pero que no puede ser tomado como algo permanente y exitoso, sino tan solo un paso o un mal menor, según se tercie.
Debemos trabajar por ser una referencia tanto por nuestro empuje y capacidad de análisis, organización y valentía en los momentos de avance o resistencia y confrontación, como por nuestra moral, capacidad crítica y visión de conjunto y de futuro en los momentos posteriores al acuerdo o de desánimo.
A la vez, como en cualquier otro espacio masivo, debemos trabajar por vincular esa experiencia de primera mano de nuestras compañeras y compañeros de trabajo y sindicato con la necesidad de la organización de una revolución socialista, con la organización de un Partido Comunista capaz de llevarla a cabo, con el análisis marxista.
Progresivamente, como complemento con igual peso a los sindicatos, deberemos ir trabajando por impulsar espacios de lucha que trasciendan las paredes de la fábrica, la tienda o la oficina, que amplíen las perspectivas de lucha más allá de la mejora de las condiciones económicas de vida. Espacios de obreros y obreras revolucionarias que acentúen el aspecto combativo de la lucha económica pero que también contribuyan a vincular de forma efectiva su fuerza como motor económico de la sociedad capitalista con el resto de causas sociales a las que el comunismo puede dar respuesta.

7.¿En qué sindicatos consideráis que se puede apoyar mejor a los trabajadores y trabajadoras?
Para responder a esta pregunta hay que analizar la realidad sindical en nuestro país:
Como es normal, en nuestro país la sindicación es especialmente alta en el sector industrial, más aún cuanto más grande es la fábrica, y menor en las subcontratas y talleres auxiliares a estas fábricas, pero igualmente alta en comparación al resto de sectores laborales.
Esto no es casualidad. Siempre ha sido así, y responde a la mayor fuerza que la clase obrera de la gran industria puede mostrar y a la vez a la imposibilidad de la burguesía para “comprar” durante mucho tiempo con buenas condiciones de trabajo a todo este sector de nuestra clase. Esto se debe por un lado a las condiciones en que se desarrolla la producción: es el cuello de botella, el punto clave de la producción, en el que la burguesía debe optimizar los recursos al máximo y no puede permitirse despilfarros ni regalos; al ser el plato fuerte de la producción mundial, también es el plato fuerte a la hora de dañar dicha producción y confrontar con la burguesía. Por otro lado, y como hasta los pensadores postmodernos reconocen, en la gran industria los ritmos de trabajo y las grandes cantidades de mano de obra necesaria facilitan e incluso espolean el compañerismo, la disciplina y la compenetración.
De todos modos, cuando se hace el promedio de la afiliación entre todos los sectores de la clase trabajadora en España, el resultado está entorno al 15%, algo por encima. Ya de por sí, estas no son cifras nada despreciables, teniendo en cuenta que la mayoría de movimientos a las que las asociaciones políticas de activistas (sean o no comunistas) de este país dedican (dedicamos) gran parte de sus esfuerzos no tienen ni de lejos un nivel de representación numérica comparable, aunque sean muy importantes para el aprendizaje y la lucha de la clase trabajadora.
Pero estas cifras son aún más matizables cuando se tiene en cuenta que el modelo de representación sindical de este país desincentiva la afiliación a un sindicato, porque los sindicatos negocian, por medio de la representación electa en elecciones sindicales, los acuerdos de toda la clase trabajadora de un ámbito (empresa, sector provincial…). Si independientemente de pertenecer o no a un sindicato el sindicato negocia por cada persona asalariada, está claro que hay menos incentivos para afiliarse a uno.


Si además añadimos a la ecuación que la parte más interesante para sacar fuerza de cara a la organización de una revolución se encuentra en las fábricas y las fábricas están altamente sindicadas, el esfuerzo político por destacar entre las personas más resueltas de un sindicato es algo claramente justificable.
Por último, en este sentido más general, tanto nuestra experiencia de primera mano, como la efectividad y virulencia de los conflictos laborales en nuestro país nos permiten constatar que, si bien no toda la clase obrera afiliada a un sindicato es combativa o siquiera progresista, la clase obrera (que no está en paro) y es más combativa (en el sentido de que puede y logra dar combates, no de que posa como si los diera) y progresista está, por lo general, afiliada a un sindicato. Ser sindicalista mínimamente consecuente en este país no es un chollo, como demuestran las sentencias, sanciones, desventajas y despidos contra sindicalistas a lo largo de todo el territorio del Estado.
Una vez acotado esto, tenemos que analizar la distribución de la clase trabajadora sindicada en cada sindicato que opera en el territorio del Estado:
El primer sindicato en afiliación y representación es Comisiones Obreras (CCOO), con alrededor de 1 millón de personas afiliadas y presencia en todos los sectores. Comprobando las cifras entorno a su implantación y perfil de afiliación, cifras que encajan con nuestra experiencia de primera mano, en CCOO están presentes la mayoría de trabajadoras y trabajadores rasos y progresistas sindicados de cada sector. La posición mayoritaria de la afiliación es progresista, incluso en muchas ocasiones a la izquierda de la socialdemocracia, y no existe una fuerza política dominante en dicho sindicato.


Tanto por su tamaño, como por las dinámicas de desmovilización y las tendencias naturales de los sindicatos que ya hemos explicado, el funcionamiento de CCOO no es un funcionamiento como el de una pequeña organización asamblearia, en el que cada integrante toma parte en cada decisión y la comparte y defiende, para bien y para mal.
La mayoría de la afiliación se implica, como mucho, en las decisiones que le tocan más de cerca, precisamente donde la posición de CCOO suele ser más resuelta. Esto significa que para estar en CCOO no es necesario compartir cada uno de sus posicionamientos oficiales, ni siquiera posicionarse al respecto.
Por otro lado, el enfoque territorial y no de gremio de CCOO favorece su expansión, la afiliación de clase trabajadora de diferentes sectores, incluyendo algunos más precarios. Como nota en este sentido, se puede comprobar cómo ha crecido la afiliación y representatividad de CCOO en el sector de la hostelería y comercio los últimos meses, una vez se ha estabilizado la “explosión” de empleo precario en las franquicias de ese sector, a las que fue a parar gran parte de la juventud trabajadora con idea de ganar un dinero temporalmente y buscar algo mejor, hasta que finalmente ha visto que es difícil salir de la espiral de empleo precario en el sector servicios y vale la pena reivindicar mejoras laborales.

CC.OO y UGT de Granda, en el sector de hostelería

Es importante señalar que en CCOO, teniendo la cantidad de afiliación que tiene, hay de todo a muchos niveles. Se reproducen malas prácticas y prácticas ejemplares desde el punto de vista del sindicalismo de clase, pero es importante que una organización comunista siempre mantenga la cabeza fría a la hora de apostar por una táctica de intervención.
Por estos motivos, aunque no nos negamos por principio a intervenir en situaciones concretas en otros sindicatos, entendemos que lo más práctico es centrarnos en CCOO a la hora de desarrollar nuestra táctica en movimiento obrero sindical.
Después de CCOO, con cerca de medio millón de personas afiliadas, está la Unión General de Trabajadores (UGT), vinculada al PSOE y con un perfil de afiliación más moderada y, lo que sí supone un impedimento mayor, con más presencia de supervisores-encargados y otros cargos de mando bajo en la escala de la empresa, cosa que muy a menudo lleva a UGT a ser el sindicato favorito de la empresa y el que rompe la unidad de la plantilla en momentos de conflicto. Como caso más negativo en este sentido tenemos que en el sector industrial la UGT viene llevando una política agresiva de convertirse en el sindicato de empresa pasando por encima del resto de la plantilla.
Por ello, no intervenimos en UGT.
Después, y en lo que seguramente sea una sorpresa para mucha gente, vienen varios sindicatos abiertamente reaccionarios, como CSIF, USO o FETICO; sindicatos con vínculos con la derecha política de este país, y que generalmente están integrados por trabajadoras y trabajadores que prefieren construir su identidad y organización en base a sus “pequeños privilegios” en el lugar de trabajo, a costa de renunciar a la mayoría de reivindicaciones colectivas e incluso colaborando en la represión sindical.
Es tras estos sindicatos que por fin volvemos a encontrarnos otros con base afiliativa progresista, como Intersindical o CGT, que tienen pequeños picos de representatividad localizada en algunos sectores o empresas concretas. Por desgracia, existen en muchas ocasiones roces o incluso hostilidad entre la propia base afiliativa de CCOO con la de estos sindicatos, lo que supone una dificultad añadida a la hora de que la militancia de una misma organización política participe en varios sindicatos a la vez.

CGT en lucha con los trabajadores de Amazon

También hay sindicatos con una afiliación progresista y con gran peso en ámbito sectorial, como el CETP en la estiba, o territorial, como los nacionalistas CIG y LAB. Sobre estos casos específicos no nos hemos encontrado en la tesitura de analizar cuál sería la mejor táctica de intervención, aunque desde luego su cantidad de afiliación es un factor a tener en cuenta.
Por todo esto es que nuestra organización centra hoy por hoy su esfuerzo en el movimiento obrero sindical en la intervención en CCOO tratando de trabajar de la forma más apegada posible a la realidad a pie de tajo de cada compañera y cada compañero, fomentando aspectos como la solidaridad entre sectores de la clase obrera y la necesidad de un enfoque consecuente y a la ofensiva de la acción sindical.

8. ¿Qué opináis de la pasada huelga feminista del 8 de Marzo? ¿Se puede considerar como una huelga de clase?
La movilización del 8 de marzo ha superado todas las expectativas al respecto y ha logrado sacar a la calle a la práctica totalidad de las mujeres de la clase trabajadora y las capas medias que se identifican con el espectro político progresista.
La convocatoria de huelga en sus distintos formatos logró que además una parte importante de la clase obrera, con especial seguimiento en la gran industria, se pudiera sumar desde su lugar de trabajo realimentando y visibilizando aún más la protesta. Además, como aspecto interesante de la protesta, muchas mujeres jóvenes aprovecharon la mañana para realizar movilizaciones, cortes de calle espontáneos y otras acciones que le dieron un carácter verdaderamente reivindicativo a la jornada.
El feminismo en nuestro país viene estando al alza desde poco después del inicio de la crisis, como un espacio de movilización y protesta permanente precisamente por la agresión permanente que supone el patriarcado.
Es un movimiento que tiene muchas vertientes: ha calado mucho en la clase trabajadora, tanto en los sindicatos como en los colectivos mayoritariamente juveniles feministas de clase, también entre capas más acomodadas, lo que a su vez favorece que aparezca en la arena política de la mano de distintos partidos electoralistas como Podemos o el PSOE a su manera.

huelga del 8 de Marzo de 2018

La movilización del 8 de marzo fue interclasista y espontánea, lo que responde a la configuración actual de las luchas sociales en nuestro país, y a la ausencia de un movimiento político que pueda dar una respuesta tajante al patriarcado, que solo puede empezar a solventarse definitivamente con una revolución socialista. En ese sentido, como casi todo en nuestra sociedad, no se puede decir que tuviera un carácter de clase.
No obstante, entendemos que ha sido una movilización que tiene dos aspectos: por un lado, supone un buen revulsivo para que el feminismo siga apareciendo como un vector de adopción de ideas progresistas y, muchas veces, revolucionarias, por parte de las mujeres de clase obrera, así como para su empoderamiento personal y la consecuente facilidad para organizarse y luchar; por otro lado, por el que le toca a las capas medias y más acomodadas, no creemos que esa parte del movimiento vaya a dar más de sí: una jornada de gran movilización y vuelta a casa a esperar pacientemente reformas que no van a llegar por la impotencia del reformismo electoralista.
Como el resto de compañeras de nuestra clase social, compartimos la alegría por la que fue una gran jornada de movilización y seguiremos a pie de calle impulsando un feminismo de clase y combativo.

8. ¿Cómo se podría cambiar a partir de ahora la condición socio/económica de las trabajadoras con la última huelga del 8 de Marzo?
Seguramente ya se haya respondido en buena parte en la pregunta anterior. Básicamente creemos que esta movilización está facilitando la toma de consciencia y de organización por parte de muchas mujeres de clase trabajadora, aunque dada la ausencia de un movimiento cohesionado y estructurado, dirigido por las mujeres más oprimidas, las de clase obrera, no existía todavía una plataforma de reivindicaciones planteada de forma unificada y, por tanto, no creemos que vaya a mejorar sustancialmente la situación de las mujeres trabajadoras todavía.
Dicho lo cual, reiteramos que la toma de mayor consciencia por parte de las mujeres trabajadoras y en muchos casos también de sus compañeros de clase hombres, es tan importante como conseguir tal o cual avance concreto, en tanto que es precisamente la base sobre la que se puede empezar a plantear un movimiento feminista de clase a la ofensiva.


9. ¿Por qué se dice que la lucha de los pensionistas es la lucha de todos?
Es evidente que, aunque quienes están llevando la iniciativa en la lucha por las pensiones son los y las actuales pensionistas, esta causa implica a toda la clase trabajadora. Porque lo que está en juego no es sólo que las pensiones de hoy se ajusten al coste de la vida, sino la misma continuidad del sistema público de pensiones.
Desde el Gobierno no dejan de enviarse mensajes que ponen en duda la sostenibilidad de las pensiones a largo plazo y se anima a la población a que opte por planes privados. Es cierto que en un país imperialista como España la longevidad crece, pero no es ésta la que hace insostenible las pensiones: lo que las hace insostenibles son las actuales relaciones de producción basadas en la propiedad privada capitalista.
Tenemos de un lado a la burguesía, una minoría parasitaria que no sólo aumenta su tasa de beneficio año tras año (las empresas del IBEX35 no dejan de crecer), sino que además se beneficia de bonificaciones públicas por “crear empleo”: de esto se habla poco, pero la caja de la Seguridad Social se está vaciando también con subvenciones destinadas a “promover la contratación”. 


Al otro lado está la clase obrera, que somos quienes llenamos la hucha de la Seguridad Social con nuestro trabajo diario pero, claro, las sucesivas reformas laborales nos condenan a niveles de explotación cada vez más altos, con salarios más ajustados, con más horas extras fuera de nómina, mayor temporalidad, etc., etc. por no hablar de la tasa de desempleo, una enfermedad crónica inherente al capitalismo. Así es evidente que la capacidad de cotización de nuestra clase se ve mermada.
El problema, como decíamos, no es que la población envejezca, sino que la burguesía nos expolia cada día más. Debemos situar el debate en el terreno de la lucha de clases, porque es precisamente ahí a donde lo dirigen los capitalistas, que pretenden exprimirnos todavía más obligándonos a abrir planes de pensiones en sus bancos. Aumentan la tasa de plusvalía en los centros de trabajo mientras abren un nuevo negocio a costa de nuestro derecho a jubilarnos: la jugada les puede salir redonda si no les paramos los pies.


10. La proclamación de la DUI en Catalunya a vuelta a España del revés ¿Que opináis del referéndum realizado por la Generalitat el 1 de Octubre de 2017?
Tanto las jornadas previas a la celebración del referéndum, como durante el propio 1 de octubre y días posteriores al mismo, se vivieron en Cataluña días en los que parte importante de la clase trabajadora catalana defendió la consulta desde una vertiente progresista: la cuestión transcendía las inquietudes pro o antinacionalistas, pues un sector de la clase obrera se organizó para defender que la votación se pudiera realizar, desobedeció a las fuerzas de seguridad del Estado y al gobierno español, y mostraron su más enérgica repulsa y rechazo a la represión y a no poder decidir por sí mismos sobre sus vidas y su futuro. Esos días nos parecen de gran interés y valor, y debemos aprender de ellos. En relación a esto, la escalada represiva desarrollada muestra el verdadero carácter de esta democracia burguesa.


No obstante, y a pesar de lo anterior, el procés está encabezado por un sector de la burguesía catalana con peor significación económica e inferior capacidad para exportar capitales que la oligarquía española (la cual, así mismo, tiene fuertes lazos con una parte de la burguesía catalana no interesada en el proceso de independencia) en pos de sus intereses. Por ende, nos parece importante remarcar que la clase trabajadora no es quien está dirigiendo el conflicto, sino que va a la zaga de la “revolució dels somriures” orquestada y encauzada por una parte de la burguesía catalana en su pugna intercapitalista y, por ende, este conflicto es ajeno a los intereses objetivos de nuestra clase social. En relación a esto remarcamos que no queremos defender al Estado capitalista español o a una posible República burguesa catalana, sino que el objetivo que perseguimos es destruir el capitalismo.
Por otro lado, esto último no quita que defendamos el derecho a la autodeterminación de las catalanas y catalanes. La represión desarrollada tanto durante la celebración del referéndum, como con muchas otras muestras desde entonces, son las principales manifestaciones de la opresión a la que somete la oligarquía española al conjunto del pueblo catalán como nación, y consideramos que la consecución del derecho a decidir en Cataluña es indispensable para poder superar este conflicto.


11. ¿Apoyáis las independencias de Catalunya y Euskadi o estáis a favor de la unidad territorial y popular?
Nuestra organización no es independentista, aunque entendemos que la mejor forma de garantizar la unidad de la clase obrera es minimizar los enfrentamientos en su seno, incluyendo aquellos derivados de la opresión nacional.
En este sentido, apoyamos el derecho a la autodeterminación tanto de Catalunya, que lo ha reclamado ya, como de Euskadi, en el momento en que se plantee allí como una prioridad en la agenda política, porque dado que por su cohesión territorial, cultural, económica y sus lenguas compartidas (catalán, euskera y castellano), son naciones, es natural que de forma espontánea la cuestión nacional salga a la luz periódicamente y la opresión nacional solo va a empujar a la clase trabajadora a los brazos de la burguesía nacionalista.
Para que la clase obrera no se vea arrastrada por programas chovinistas ajenos a sus intereses, aquello que hay de justo en las reivindicaciones nacionales debería verse reconocido y fomentado: los aspectos culturales y la capacidad de autodeterminación.

protesta en Bilbao contra el 155 y el régimen del 78

De esa manera, la burguesía nacionalista no podría mezclar estas demandas justas con su demagogia egoísta que pretende utilizar el “autogobierno” como forma para dividir a la clase trabajadora y explotarla más si cabe, como la antigua CIU de los recortes más duros y tempranos demostró que hacía.
Es decir, por concluir, no podemos caer en el chovinismo español y pretender que la clase trabajadora catalana o vasca trague sapos y culebras por una pretendida “unidad” de la clase obrera española. La unidad de la clase obrera de todo el territorio del Estado debe venir sobre la base de una convivencia nacional justa, que permita parar los pies al nacionalismo evidenciando su interés clasista, dejándolo sin recursos con los que explotar la justa indignación popular ante una flagrante agresión como es el artículo 155 o casos como el de los jóvenes de Alsasua.


12. ¿Qué aprendemos de los 100 años de la Revolución de Octubre y cómo podemos aprender de esta para solucionar los problemas que genera la lucha de clases en España?
Esta es una pregunta interesantísima y sobre la que nuestra organización ya redactó varios artículos que, por no alargar más la entrevista, enlazamos a continuación:

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