domingo, 30 de agosto de 2026

Entrevista a Jordi Sánchez Callado, fundador del canal "El laberinto ibérico"


1. ¿Cómo nace la idea de crear “El laberinto ibérico” como un canal de divulgación e historia?

 Ante todo, pues muchas gracias por la entrevista. Es algo que emociona siempre: que alguien quiera preguntarte cosas porque quiere saber tu opinión. De verdad, por mi parte me siento súper agradecido.

¿Cómo nace la idea de crear El Laberinto Ibérico como un canal de divulgación histórica? A mí siempre me ha gustado la divulgación histórica. Cuando estudiaba en la universidad montamos un blog de artículos escritos que tuvo un relativo éxito. Llegamos a tener, hacia 2010-2011, unas mil personas al día leyendo los textos. Luego acabamos la carrera, cada uno tomó caminos distintos y el proyecto acabó muriendo. De hecho, ya no se puede encontrar ese blog. Pero la divulgación es algo que siempre me ha llamado muchísimo la atención.

El tema de El Laberinto Ibérico viene sobre todo de este año. Tenía ganas de iniciar un proyecto y me sentía con mucho más tiempo libre que en otros momentos. Hasta hace poco tenía cargos de responsabilidad en el instituto: estaba en la junta directiva y asumía bastantes tareas de gestión. Opté por dejar todos esos cargos y volver a ser un profesor raso. Decidí autodegradarme. Aquí hay un melón importante: el nivel de estrés y la retribución salarial que tenemos los profesores cuando asumimos cargos de gestión dentro de un centro educativo. Ya adelanto que no compensa en absoluto: son muchos dolores de cabeza y mucho estrés. Este año volví a ser un profesor normal después de muchos años, y estaba súper feliz, con mucho tiempo libre.


Dentro de ese tiempo libre quería montar algo. Y lo que me acabó empujando —y creo que aquí está lo importante— fue un día en clase de segundo de bachillerato de Historia. Un alumno me trajo un vídeo de TikTok en el que un supuesto influencer afirmaba que Lorca y Primo de Rivera eran amigos. El chico estaba totalmente sorprendido porque chocaba directamente con todo lo que habíamos visto en clase y quería una explicación. Me acuerdo perfectamente: era un viernes a última hora. Me pasó el vídeo y le dije: «Constancia de esto no tengo, pero déjame que lo investigue». Fue curioso porque hasta la manera en que hablaba ese tiktoker me generó la duda. Si yo, que soy doctor en Historia, estaba dudando, mi alumno tenía que estar completamente confundido. Ese fin de semana lo investigué y, evidentemente, todo era un bulo, todo era mentira. Lo desmonté en clase y les enseñé a detectar bulos.

Ahí tomé conciencia de lo que estaba pasando en las redes sociales: el peligro de que se estuviera reescribiendo la historia de una manera totalmente dañina. El Laberinto Ibérico no nace acto seguido, pero sí a las pocas semanas de ese momento. Decidí abrirme una cuenta de divulgación histórica centrada exclusivamente en la historia contemporánea de España, que es el campo en el que me he acabado especializando —tengo un doctorado sobre la Segunda República— y que es lo que doy cada año en clase. Es ahí donde nace El Laberinto Ibérico.


2. ¿Por qué te interesaste tanto por la historia?

 Pues mira, por la historia me interesé desde muy pequeñito. Ya desde primaria, cuando hacíamos medio social —en Cataluña le llamamos así—, me llamaba muchísimo la atención descubrir el pasado, descubrir cómo era la cultura de la humanidad y de las personas. Eso me permitía, sobre todo, descifrar el entorno actual, el presente, que me resultaba algo muy confuso y lioso. Cuando estudiaba historia, muchas piezas me encajaban y eso me despertó muchísima curiosidad.

Yo tenía —y aquí va a sonar un poco heavy— mucha curiosidad por la historia, por las matemáticas y por la física. Especialmente era muy bueno en matemáticas; de hecho, académicamente era mucho mejor en matemáticas que en historia. Entiendo las matemáticas como la manera de descifrar el mundo natural y la historia como la manera de descifrar el mundo humano. Al final opté por la historia, aunque no descarto en algún momento estudiar matemáticas. Es básicamente esa voluntad de descifrar y entender al máximo tanto el presente como el pasado y todo lo que configura a la especie humana.


3. Siendo profesor de historia ¿Crees que hay materia de educación de calidad para tratar la guerra civil en las aulas?

 A ver, vayamos por partes. Yo voy a hablar desde la perspectiva de Cataluña. Pienso que actualmente la responsabilidad de hablar de la Guerra Civil y del franquismo recae, al menos en Cataluña, en el profesor, en la voluntad del profesor de querer abordarlo. Yo lo abordo todos los años y le dedico tiempo de sobra.

Sé perfectamente que, por ejemplo, en cuarto de la ESO el currículum es absurdamente extenso y que, según cómo te organices, no lo vas a explicar. Entonces, como profesor, tú has de decidir qué es lo que quieres explicar, qué es lo que no quieres explicar, a qué le vas a dar menos importancia o qué vas a detallar menos. Evidentemente no puedes dedicar el mismo tiempo a explicar la Unión Soviética, el totalitarismo… porque no hay tiempo material para ello. Tienes que priorizar y discriminar.


Y yo, por ejemplo, me niego a discriminar la historia de España. Para mí es uno de los elementos fundamentales. Luego, en bachillerato, quien no dé una Historia de España de calidad —ya sea de la Guerra Civil, ya sea de la Segunda República— es un docente negligente, porque hay una selectividad, unas pruebas de acceso a la universidad, que siempre caen a un nivel complejo. Es decir, los alumnos deben tener un dominio complejo y, por tanto, la explicación que haga el docente ha de ser de mucha calidad.

Por tanto, en segundo de bachillerato, al menos en Cataluña, no hay excusa para que la Guerra Civil y el franquismo, ya sea en cuarto de ESO y especialmente en segundo de bachillerato, no se expliquen de la mejor calidad posible.


4. Desde el 2020, los creadores de bulos y tergiversadores de la ciencia han crecido en redes como la espuma ¿Tu canal esta para destapar estos bulos que se crean sobre la guerra civil española?

 Yo pienso que es al revés. Los historiadores llevamos siendo atacados las últimas décadas. Es ahora cuando están siendo atacados médicos, físicos o geólogos, pero nosotros llevamos sufriendo estos ataques desde hace muchísimo tiempo.

Cuando trabajamos la historia empleamos los métodos de la hermenéutica y de la heurística, el método científico de la historia, y establecemos conclusiones basadas en evidencias documentales, en fuentes primarias y en un amplio consenso académico. Lo que ocurre es que hay gente que no está de acuerdo con esas conclusiones o con ese consenso académico, pero no aporta ninguna prueba. Entonces, como no aportan pruebas, lo que hacen básicamente es atacar a la persona: «Tu trabajo no vale, lo que dices no vale porque eres un rojo». Bueno, si soy rojo o no, eso es irrelevante. Lo que está claro es que no puedes discriminar la calidad del trabajo de alguien por su ideología política. Tú lees su trabajo, ves qué pruebas y evidencias aporta y a partir de ahí lo cuestionas y lo criticas.

Los historiadores llevamos las últimas décadas sufriendo un intrusismo laboral espectacular. Hay un falso autor, Pío Moa, cuya primera obra importante data de 2001 o 2002, Los mitos de la Guerra Civil, y es uno de los libros más vendidos sobre la Guerra Civil española en España. Lo escribió alguien que no ha estudiado Historia en la universidad, que no tiene ningún título en la materia, que no se corresponde con el consenso académico y que no aporta pruebas documentales sólidas. Y, sin embargo, es el libro más vendido. Estamos hablando de hace más de veinte años.

Esto ahora les está ocurriendo a médicos y a físicos. El problema actual, especialmente con la IA y con una mayor apertura del conocimiento, es que cualquier ignorante se atreve a hablar absolutamente de todo, por muy complejo que sea el tema. Pero la historia lleva décadas siendo una de las principales víctimas.


5. Se ha atacado por conspiranoicos a médicos, periodistas incluso a arquelog@s ¿Tarde a o temprano a l@s historiado@s le pasara lo mismo?

Yo pienso que es al revés. Los historiadores llevamos siendo atacados las últimas décadas. Es ahora cuando están siendo atacados médicos, físicos o geólogos, pero nosotros llevamos sufriendo estos ataques desde hace muchísimo tiempo.

Cuando trabajamos la historia empleamos los métodos de la hermenéutica y de la heurística, el método científico de la historia, y establecemos conclusiones basadas en evidencias documentales, en fuentes primarias y en un amplio consenso académico. Lo que ocurre es que hay gente que no está de acuerdo con esas conclusiones o con ese consenso académico, pero no aporta ninguna prueba. Entonces, como no aportan pruebas, lo que hacen básicamente es atacar a la persona: «Tu trabajo no vale, lo que dices no vale porque eres un rojo». Bueno, si soy rojo o no, eso es irrelevante. Lo que está claro es que no puedes discriminar la calidad del trabajo de alguien por su ideología política. Tú lees su trabajo, ves qué pruebas y evidencias aporta y a partir de ahí lo cuestionas y lo criticas.

Los historiadores llevamos las últimas décadas sufriendo un intrusismo laboral espectacular. Hay un falso autor, Pío Moa, cuya primera obra importante data de 2001 o 2002, Los mitos de la Guerra Civil, y es uno de los libros más vendidos sobre la Guerra Civil española en España. Lo escribió alguien que no ha estudiado Historia en la universidad, que no tiene ningún título en la materia, que no se corresponde con el consenso académico y que no aporta pruebas documentales sólidas. Y, sin embargo, es el libro más vendido. Estamos hablando de hace más de veinte años.

Esto ahora les está ocurriendo a médicos y a físicos. El problema actual, especialmente con la IA y con una mayor apertura del conocimiento, es que cualquier ignorante se atreve a hablar absolutamente de todo, por muy complejo que sea el tema. Pero la historia lleva décadas siendo una de las principales víctimas.


6. Yo he tenido compañeros de trabajo super jóvenes afirmarme que amigos suyos (de su misma edad) han llegado a tatuarse el retrato de Franco ¿Cómo es que a día de hoy con todas las herramientas a nuestro alcance tanta gente joven se está acercando a a la extrema derecha y otros grupos similares?

 Vale, yo aquí no soy tan pesimista, soy más optimista. ¿Por qué? Porque los datos nos indican que actualmente en España la extrema derecha representa un 24 % de los jóvenes. Dicho de otra manera, el 76 % de los jóvenes rechaza las opciones de extrema derecha. Estamos hablando de que la amplia mayoría la rechaza.

Igualmente, el indicador es alarmante porque sí que hemos detectado un aumento. ¿Por qué se da ese aumento? Básicamente hay un factor de absoluta ignorancia: gente que no tiene ni idea y entonces compra lo que sea. Luego hay un porcentaje más pequeño —hablaríamos de un 10 % o menos de un 15 %— de gente que es genuinamente de extrema derecha. Ese porcentaje existe en cualquier sociedad y es muy difícil de eliminar: requeriría un esfuerzo titánico en formación y educación, y nuestro país no está por la labor, así que siempre tendríamos un residuo de extrema derecha presente entre la gente joven.

El problema es que ese 12 o 15 % ha pasado a ser un 24 %. Y ahí sí que se puede trabajar. Tenemos un perfil de persona ignorante, de persona confundida y, lo más importante —y de lo que por suerte cada vez se habla más—, la campaña absolutamente mediática que hay en redes sociales para hacer llegar de manera confusa el fascismo y la extrema derecha. La extrema derecha está invirtiendo realmente millones en hacer llegar su mensaje. Es algo que he detectado desde que abrí El Laberinto Ibérico: hay una militancia, ya sea de bots o de personas reales, que busca torpedear la divulgación científica y divulgar al máximo las ideas de extrema derecha.

Permítanme otro ejemplo. En YouTube tuve que domesticar y luchar contra el algoritmo porque solo me mostraba contenido de extrema derecha. De base, YouTube me recomendaba todo ese tipo de contenido y tuve que ir trabajando: «no me recomiendes esto», «no me recomiendes esto». A pesar de haber domesticado a YouTube y lograr que no me recomiende extrema derecha, de vez en cuando aún lo vuelve a intentar. Es decir, a pesar de que YouTube sabe que yo no quiero consumir ese contenido, igualmente me lo va intentando introducir. Y eso es porque hay dinero metido ahí, porque alguien está pagando para que el algoritmo promocione ese contenido.

Al final, tarde o temprano llega a la gente. Hay una campaña de desinformación financiada con millones. Hace relativamente poco apareció una granja de bots con más de 49 millones de cuentas falsas que lo que hacían era divulgar el mensaje de la extrema derecha. Y es por eso que, si eres una persona confusa, incrédula, ignorante o con un conocimiento intelectual más reducido, estas ideas penetran más fácilmente. Porque el discurso del odio lo que necesita es la ausencia de conocimiento. Cuanto menos sepas, más fácil es que el odio pueda penetrar en ti.


7. ¿Qué eran los llamados “topos” de la post guerra?

 Los llamados topos fueron personas que vivieron escondidas en sus domicilios sin salir durante mucho tiempo. Tenemos casos de incluso más de veinte años de personas que, con tal de escapar de la represión y de un probable asesinato, acabaron escondidas en habitaciones con paredes falsas, sin salir a la calle durante cinco, diez o veinte años.

Esto es importante porque hay que imaginarse el grado de terror que llegó a crear la dictadura para que una persona decida autocarcelarse en casa y no salir. Y tenemos casos de personas que estuvieron más de veinte años así. Terrorífico.


8. ¿Quién es Miguel Alonso Ibarra?

Miguel Alonso Ibarra es un historiador al que no conozco personalmente, aunque sí conozco su obra, Cruzados sin gloria. Es un historiador que sigue el método científico y tiene una obra muy interesante publicada por la editorial Pasado y Presente en la cual relata la cotidianidad de los soldados franquistas durante la guerra y cómo una parte muy importante de esos soldados formaban parte de los militares sublevados no por convicción ideológica, sino por simple y llana obligación de estar en el territorio equivocado y estar siendo obligados a actuar, independientemente de su ideología política.

El trabajo que presenta Ibarra es muy interesante, como el de otros muchos historiadores: desde los más grandes, como pueden ser Paul Preston, Herbert Southworth, Raymond Carr, Ángel Viñas o Julián Casanova, hasta otros autores.


9. ¿La perdida del hábito de lectura junto con el efecto de las redes sociales está generando que la gente crea más en bulos de videos rápido que en la realidad fría y compleja?

 La pregunta es complicada y aquí hay varios frentes. Para mí hay uno muy importante, más allá de las propias redes sociales —que también vamos a abordar—, que es la política educativa de los territorios. Esto ha afectado a España, pero ha afectado especialmente a Cataluña, y me voy a centrar en Cataluña.

En política educativa, que es básicamente en las escuelas, donde te tienen que enseñar a leer, a comprender lo que lees, a sintetizar y a procesar, en los últimos diez o quince años se ha optado por la más absoluta negligencia educativa. Se ha optado por pantallitas, juegos digitales, proyectos bobos, jueguecitos en el aula y tonterías varias. Lo que es disciplina, trabajo y esfuerzo, fuera: eso no existe. Presentar a un alumno un texto, hacerle leerlo, resumirlo, sintetizarlo y hacer un esquema… los profesores que hacíamos esto éramos señalados. Y esto ha ocurrido en Cataluña; de hecho, aún sigue ocurriendo.

Con datos sobre la mesa, Cataluña se ha hundido en los indicadores de competencia de comprensión lectora. No lo digo yo, lo dice PISA 2022. Ya lo dijo el anterior, pero PISA 2022 hundió a Cataluña muy por debajo de la media nacional en comprensión lectora. Todo el mundo tiene redes sociales en España y en Europa, pero aquí, en Cataluña, el tema es mucho más grave. ¿Por qué? Quizás en educación algo tiene que ver.


La política educativa que se aplique es fundamental. No podemos sustituir la lectura, los resúmenes, el tomar apuntes, el procesar la información. Eso se ha sustituido tanto en España como en Europa y en Cataluña. Sí que nosotros los catalanes, porque muchas veces intentamos ir de muy guays por la vida, hemos llevado esta política al extremo. Y el resultado es el que tenemos: PISA 2022 indica que nuestros alumnos catalanes han perdido, en competencias de comprensión lectora respecto a hace diez años, dos cursos académicos. Nuestros alumnos actuales de segundo de la ESO tienen el nivel de comprensión lectora de un niño de sexto de primaria del año 2012. Esta es la realidad. No lo digo yo, lo dicen los resultados PISA. A quien le guste bien y a quien no también: esto es así.

Luego, evidentemente, tenemos el efecto de las redes sociales: un consumo de información rápido que implica simplificar lo complejo. Aquí hay un tema que la gente tiene que tener claro: una red social, mi cuenta de Instagram, El Laberinto Ibérico, no sustituye una clase, no sustituye un año de estudio, no sustituye una lectura. Yo hago vídeos, intento hacerlos de la mayor calidad posible, pero son de tres, cuatro o cinco minutos. En clase, en segundo de bachillerato, las causas de la Guerra Civil las tardo seis meses en explicar —tres horas a la semana durante seis meses—. Suma las horas que salen. Puedo hablar de la Guerra Civil en distintos reels de tres minutos, pero jamás sustituirá el conocimiento que mis alumnos ganan en un aula.

Entonces, ¿qué ocurre? Que hay personas que pretenden sustituir ese conocimiento que se adquiere mediante trabajo y esfuerzo de una manera simple, con estos reels. Y estos reels o estas cuentas generan la falsa confianza y la falsa seguridad de creer entender algo verdaderamente complejo. No: entiendes unas migajas para poder ir indagando poco a poco, pero en ningún caso sustituye el estudio.


10. ¿Por qué Franco llego a permitir al final de su vida que se dejaran hablar lenguas autóctonas de España como el catalán, gallego y euskera?

 A ver, esto hay que contextualizarlo. La pregunta, lamento decirlo, no está del todo bien formulada. El catalán, el gallego y el euskera durante la dictadura franquista no fueron prohibidos en su uso privado; fueron prohibidos en su uso público y a nivel político. Las instituciones solo aceptaban el español, el castellano. Y eso no cambió en toda la dictadura: toda la documentación, la burocracia, las instituciones, la policía… todo iba en castellano.

El uso del catalán, el gallego y el euskera en el ámbito privado nunca se llegó a prohibir: se podía emplear. Sí que es cierto que, especialmente en los primeros años de la dictadura, si empleabas alguna de estas lenguas y había algún policía por allí, te podías meter en problemas, te podían increpar. Pero era más por la arbitrariedad y el odio de ese policía que por una prohibición legal estricta.

Luego, la propia dictadura permitió la publicación de obras de literatura catalana y, en los años sesenta, tenemos todo el proceso de la Nova Cançó, por ejemplo, en Cataluña, en lengua catalana. Todo siempre filtrado por la censura falangista, pero se podía producir en distintas lenguas. Evidentemente, la dictadura no iba a hacer ninguna promoción. La visión de la dictadura era «España una», una visión de uniformidad cultural hegemónica del castellano. Pero no le dedicó grandes esfuerzos porque sabía que era una batalla bastante perdida y muy difícil de controlar. A la dictadura lo que realmente le preocupaba era el tema político, lo que se movía a nivel ideológico-político. Ahí dedicó muchísimos esfuerzos en formar una policía muy eficaz para perseguir la disidencia política.

Con las lenguas se mezcló una cierta tolerancia. Hay que ser coherentes y justos: se podía publicar en lengua catalana obras de literatura, canciones, etcétera. Pero eso sí, la dictadura no te iba a vender, ni te iba a exaltar, ni te iba a agradecer nada. Eso hay que dejarlo claro.


11. ¿Ser de derechas en España (defender la libertad individual, el derecho a propiedad privada, defender la familia tradicional...) te vuelve directamente blanqueador de la dictadura franquista y sus crímenes en la política española?

No, la verdad es que no. Ser de derechas no te hace ser un franquista o un filofranquista. Sí que pienso que la derecha en España tiene un serio problema, un complejo gigantesco del que es incapaz de romper. La práctica de todos los partidos de derecha —en parte el Popular, Vox— es que son incapaces de romper con el franquismo. El PP no sabe romper con el franquismo y Vox no quiere romper con el franquismo. Es así de claro. Cuando uno de sus fundadores, Javier Ortega Smith, recibe un libro de José Antonio Primo de Rivera y dice que es uno de sus referentes ideológicos, es la persona que no quiere romper con la dictadura.

Y el Partido Popular… yo pienso que hay algunos políticos que quisieran romper y otros que no. Tenemos a José María Aznar, que el año pasado en una entrevista en la radio nos dice que él no va a condenar el franquismo porque su padre participó de ello, y ahí se queda tan pancho. Entonces, claro, eso provoca un problema: sus militantes recogen el guante de este tipo de discurso y sienten la misión de defender lo indefendible.

Ser de derechas, al final, es lo que plantea la pregunta: defender una libertad más individualista, la competitividad, la propiedad privada, una visión más conservadora de la vida, de la familia y de la tradición. Pero en ningún caso tiene por qué pasar por un sistema autoritario, ni por rasgos fascistas ni totalitarios. No tiene nada que ver. En otros países lo tienen muy claro: para ellos es una línea muy roja. Pero en España esto no ocurre. Yo pienso que es una misión que tienen que tener las derechas, especialmente la militancia. Creo que sufren un enorme complejo porque no quieren romper. Es cierto que muchos del pasado franquista, muchos militantes o personas de derechas, estuvieron muy implicados con la dictadura, pero aquí se exige un esfuerzo de madurez emocional y de madurez histórica. Y ese es un ejercicio que tiene que hacer la derecha y sus militantes.

Ya lo dije una vez en mi cuenta: ser de derechas no te tiene por qué obligar a ser franquista. No hay ningún impedimento. Tú puedes ser abiertamente de derechas y condenar abiertamente el franquismo. Son cosas totalmente diferentes. Por tanto, insisto, hay que hacer un esfuerzo de madurez emocional y de madurez histórica. Pero por ahora ni los políticos de la derecha española están por la labor y una parte importante de la militancia, pienso que tampoco.

12. ¿Hubieron iglesias bombardeadas por los franquistas durante la guerra civil española?

 Indudablemente. El franquismo, los sublevados, fueron los primeros en la historia de la humanidad —ojo a lo que digo— en aplicar el bombardeo por saturación. Lo que luego se vio en la Segunda Guerra Mundial ocurre por primera vez en la Guerra Civil española, y son los sublevados los que mandan decenas y decenas de aviones con toneladas y miles de toneladas de explosivos a bombardear ciudades. La manera en que funcionaban los bombardeos en aquella época, el bombardeo de ráfaga, hacía que la precisión fuera prácticamente inexistente.

Evidentemente, el objetivo no era bombardear una iglesia, claro que no. Pero las iglesias en España están en todas partes, en todos los barrios. Caían bombas en todos los lugares por donde pasaban los aviones. El franquismo aplicaba bombardeos de horas en los que se lanzaban centenares de kilos de explosivo, y que cayera donde cayera. Y eso se aplicó en prácticamente todas las ciudades, indistintamente de que estuvieran o no en el frente.

Es muy curioso, por ejemplo, el bombardeo de la ciudad de Valencia al final de la Guerra Civil. Valencia era una ciudad ya rendida, no había tropas que la fueran a defender, la gente estaba embarcando en el puerto… y, aun así, fue bombardeada con un bombardeo de saturación. Eso es lo que aplicó el franquismo. Así que dentro de esos bombardeos entraban iglesias, fábricas y todo edificio que se interpusiera en el camino de una bomba.


13. Tras sacar le cuerpo de José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco de Cuelgamuros ¿Se podría hacer un museo real a la reconciliación entre españoles?

Yo pienso que el museo es obligatorio. No sé dónde: yo no lo haría en Cuelgamuros porque quedaría muy lejos y poca gente iría, pero sin duda alguna hay que hacer un museo.

Y a mí no me gusta llamarlo de reconciliación, porque hablar de reconciliación es como asumir esa visión de «bueno, aquí todo el mundo lo ha hecho mal, nos hemos peleado, vamos a reconciliarnos». Disculpen, no. España el 15 de julio de 1936 no estaba en guerra. El 17 de julio hay un golpe de Estado que se extiende el 18. Fracasa en muchos sitios, la gente no quiere la guerra, la gente no quiere esa rebelión militar. El gobierno de la República intenta evitar la guerra, intenta negociar, intenta pactar… y no quieren. Nos llevan a una guerra y luego nos imponen una dictadura de cuarenta años. No, discúlpenme: no es un tema de reconciliación. Aquí es un tema de hacer un museo donde se identifique y se señale claramente a los responsables de la Guerra Civil, a los responsables de la dictadura y lo que supuso.

Y hace falta para ello una ley de memoria democrática mucho más ambiciosa de la que tenemos, porque la actual no es lo que los españoles se merecen. ¿Por qué? Os voy a poner un ejemplo muy sencillo: durante la Guerra Civil española hubo una serie de robos de propiedades a los perdedores que la dictadura consolidó y la Transición a la democracia legalizó. Robos de tierras, robos de propiedades. Una ley de memoria democrática digna debería restituir todo ese proceso de expolio, como pasó en la Segunda Guerra Mundial. Tras la Segunda Guerra Mundial se trató de recuperar todo el expolio que Alemania hizo por Europa y durante décadas se fueron recuperando obras de arte y todo lo que los alemanes fueron robando. Así que no es tarde. Es necesaria una ley mucho más ambiciosa.

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