Josefine Table es historiadora y divulgadora. Graduada por la Universidad de Granada.
1. ¿Cómo empezaste a subir contenido por redes sociales?
El verdadero punto de inflexión llegó durante la pandemia: ahí di el salto a otras plataformas y mi contenido adquirió un cariz más marcadamente político y social. Con los años, ese impulso inicial se ha ido profesionalizando, perfilando y ganando rigor metodológico. En el fondo, todo esto arrancó sin proyectarlo, casi por puro instinto. Tengo una necesidad muy arraigada de procesar el mundo compartiéndolo: de democratizar lo que aprendo, trasladar lo que me apasiona y generar un espacio donde el conocimiento histórico y político esté al alcance de cualquiera.
2. Eres graduada en historia, subes mucho contenido sobre la guerra civil española y el franquismo ¿Es necesario que las mujeres den visibilidad a los crímenes del franquismo por la condición que la dictadura les hizo vivir a tantas mujeres? Vulneración de derechos, secuestro de sus hij@s, torturas…
Es absolutamente crucial, sobre todo porque la dictadura franquista no solo impuso un régimen de represión política generalizada, sino que articuló un sistema represivo de género con especificidades terribles para las mujeres. Las mujeres bajo el franquismo sufrieron una doble punición. Se las castigaba por su militancia, por su familiaridad con republicanos o su propia simpatía antifascista, pero también por haber transgredido el mandato de género nacionalcatólico. Frente al régimen democrático-liberal de la II República, que había reconocido el derecho al voto, al divorcio y a la educación laica, el franquismo necesitó castigar de forma ejemplarizante esa liberación. Así, la dictadura las despojó de la capacidad jurídica, las confinó legalmente a la tutela del padre o del marido, penalizó el adulterio de forma asimétrica, instauró el Patronato de Protección a la Mujer y convirtió sus cuerpos en un campo de batalla y de control. Hablamos de rapados de cabeza, ingestas forzadas de aceite de ricino para provocar la pérdida de esfínteres en el espacio público, torturas dirigidas específicamente a su condición anatómica y reproductiva, y la sustracción de sus hijos e hijas. Que hoy seamos investigadoras, historiadoras y divulgadoras mujeres las que situemos estos crímenes en el centro del debate público es un acto de restitución. Le devolvemos la agencia histórica a todas esas mujeres que sufrieron la dictadura, pasando de la narrativa de la “víctima pasiva” a la de sobreviviente y resistente.
3. ¿Cómo
se te ocurrió la idea de fundar la sección “Haciendo memoria”?
“Haciendo memoria” surge casi como una urgencia,
como una respuesta directa a la proliferación de bulos históricos en el entorno
digital. Notaba una tendencia peligrosa en redes sociales pero también un
interés de la gente por conocer la actualidad en cuanto a memoria democrática
en nuestro país. Así, se me ocurrió la idea de hacer una suerte de noticiero rescatando
las novedades memorialistas cada semana. Sin embargo, conciliar es difícil y el
tiempo limitado, así que no he podido continuar con la sección como me hubiera
gustado; pero espero poder retomarla en algún momento.
4. ¿Se
esta aplicando correctamente las leyes de memoria histórica?
Se han logrado avances institucionales indudables en comparación con el manto de silencio que imperó durante las primeras décadas de la democracia, pero la aplicación real sigue siendo insuficiente, heterogénea y trágicamente tardía. La aprobación de marcos legislativos como la Ley de Memoria Democrática supuso un paso adelante al asumir el Estado –al menos sobre el papel– la responsabilidad directa de la búsqueda e identificación de los desaparecidos, la declaración de ilegalidad de los vestigios franquistas y de asociaciones como la Fundación Francisco Franco.
Sin embargo, el gran problema radica en la ejecución práctica y en el bloqueo político. En España, la memoria democrática es una trinchera política. La aplicación de la ley depende en gran medida de las competencias autonómicas y municipales. Por tanto, allí donde gobiernan en coalición PP y VOX, observamos como la ley se boicotea, se retiran subvenciones para fosas, se eliminan del callejero nombres de víctimas, se restituyen símbolos dictatoriales bajo la falsa bandera de la “neutralidad” y se implantan las famosas “leyes de concordia”.
5. ¿Por que
el discurso de extrema derecha tiene más cercanía emocional a los jóvenes que
la sensibilidad de la memoria histórica?
Porque la extrema derecha juega con la trampa del
atajo discursivo en un momento de crisis del capitalismo tardío. La juventud
actual vive sumida en la precariedad estructural, la imposibilidad de
independizarse, la ansiedad por el futuro y la falta de expectativas. En ese
caldo de cultivo, el discurso de la extrema derecha no te exige pensar ni
analizar causas complejas, te ofrece respuestas masticadas, culpables sencillos
y la promesa de un pasado mítico, ordenado y próspero que jamás existió. Por
otro lado, la izquierda está teniendo un problema estratégico y discursivo para
posicionarse como una alternativa real, esperanzadora y factible. Está claro
que no disponemos de los recursos económicos y materiales de la extrema
derecha, pero considero que también es necesario asumir parte de la
responsabilidad y realizar autocrítica para poder construir.
Igualmente la retórica de “la mayoría de los
jóvenes son reaccionarios” no es cierta. Existe un sector importante de la
juventud que siente cercanía por el discurso de la extrema derecha, pero otros
muchos jóvenes muestran sensibilidad por la memoria democrática, tienen valores
democráticos y no caen en los cantos de sirena reaccionarios.
6. ¿Se
está intentado volver a la feminidad sumisa del franquismo a día de hoy con los
nuevos gurús de la masculinidad que ofrecen cursos por redes sociales?
Lo que estamos presenciando con la eclosión de los
gurús de la manosfera, el movimiento tradwife
y el falso “coaching” de masculinidad es un empaquetado neoconservador adaptado
al nuevo contexto histórico-político. El objetivo en realidad es claro:
disputar el relato consolidado del movimiento feminista, naturalizar la
subordinación de la mujer, despolitizar sus demandas y confinarla de nuevo al
rol exclusivo de cuidadora, objeto estético o soporte emocional del hombre. Lo
que ocurre es que los mecanismos son mucho más sutiles, lo disfrazan de
“desarrollo personal”, “biología” e incluso, empoderamiento. Pero en el fondo
no dista mucho del discurso histórico-patriarcal que reacciona ante los avances
en igualdad y que los interpreta directamente como un ataque a sus privilegios.
7. ¿Qué
fue el secuestro de niños que llevó a cabo el franquismo?
El robo de niños es otra de las tantas crueldades
que llevó a cabo la dictadura franquista. Tuvo dos fases claramente delimitadas
en su evolución metodológica. Durante la Guerra Civil y la inmediata posguerra,
este robo de menores respondió a un patrón de represión política directa e
ideológica. Bajo la doctrina pseudocientífica del psiquiatra del régimen
Antonio Vallejo-Nájera –quien postulaba la existencia de un “gen rojo” en las
personas de izquierdas que debía ser extirpado, siendo especialmente duro con
las mujeres republicanas–, el Estado arrebató sistemáticamente los bebés a las
presas políticas en las cárceles o a las madres fusiladas para entregarlos a
familias afectas al Glorioso Alzamiento Nacional, cambiándoles la filiación en
el Registro Civil para borrar su origen con la premisa de “reeducarlos” y
alejarlos de sus familias rojas.
A partir de los años cincuenta hasta bien entrada la democracia, esta práctica represiva mutó en una trama estructural de tráfico de seres humanos. Médicos, monjas, curas y personal sanitario formaron redes en maternidades y hospitales donde se engañaba a familias vulnerables, jóvenes solteras o de clase trabajadora, diciéndoles que sus bebés habían nacido muertos cuando en realidad eran vendidos a familias acomodadas. Este crimen no solo implicó la violación masiva de los derechos humanos de miles de mujeres y niños, sino que dejó una herida abierta en la sociedad española que aún hoy busca verdad y justicia. Durante décadas esta realidad ha estado oculta bajo un muro de silencio e impunidad que todavía hoy impide a muchas personas conocer su verdadera identidad.
8. ¿Por
qué caló tan bien el discurso de que la transición fue modélica pasando por
encima tantas tensiones políticas y muertes que hubo en España tras la muerte
de Franco?
El mito de la “Transición modélica” triunfó en gran
parte precisamente por el contexto histórico. Tras cuarenta años de dictadura,
represión y propaganda de la dictadura, la sociedad española de los años
setenta tenía grabado a fuego el mito del “guerracivilismo”, un pánico atroz a
que cualquier fractura política derivara en un nuevo enfrentamiento fratricida.
Las élites políticas reformistas del régimen y la dirección de los partidos de
la oposición sabían esto y utilizaron el miedo para pactar una narrativa de
reconciliación nacional basada en la amnesia compartida, condensada simbólicamente
en la Ley de Amnistía de 1977.
Para que este mito funcionase, era imperativo
borrar de la foto la enorme violencia política que acompañó al proceso. Se
vendió la idea de un tránsito pacífico modélico pilotado por las élites (el
Rey, Suárez, Fraga, González), mientras se echaba tierra sobre los asesinados a
manos de la represión policial, la violencia para-policial y los grupos de
extrema derecha como Fuerza Nueva o Guerrilleros de Cristo Rey. Reconocer que
la Transición fue un proceso convulso, violento y lleno de renuncias abría la
puerta a cuestionar la legitimidad del nuevo régimen constitucional y de la
propia monarquía restaurada, por lo que el mito de la “perfección del consenso”
se institucionalizó desde el sistema educativo hasta los medios de
comunicación.
9. ¿Intereses
geopolíticos estuvieron también detrás de la transición española?
Absolutamente. Es imposible entender la Transición española sin situarla en el tablero de la Guerra Fría. Desde los Acuerdos de Madrid de 1953, Estados Unidos había convertido a España en un peón geoestratégico fundamental en el flanco sur de Europa mediante la instalación de las bases militares de Torrejón, Rota, Zaragoza y Morón. Para Washington y la Alianza Atlántica, lo prioritario tras la muerte de Franco no era instaurar una democracia radical o redistributiva, sino garantizar la estabilidad, evitar cualquier contagio revolucionario similar a la “Revolución de los Claveles” portuguesa de 1974 y asegurar la permanencia de España en la órbita del capitalismo occidental. La diplomacia estadounidense y las potencias europeas (con la Alemania de Willy Brandt y la socialdemocracia europea al frente) jugaron un papel determinante financiando y tutelando a la oposición moderada para marginar a los sectores más a la izquierda, que abogaban por la ruptura democrática y el neutralismo geopolítico. La condición sine qua non para el aval internacional a la nueva democracia española fue la integración plena en el mercado común europeo y, sobre todo, la entrada en la OTAN. La Transición fue un proceso profundamente influido por las cancillerías extranjeras para asegurar que España pasara de ser una dictadura anticomunista a una democracia liberal totalmente integrada en la arquitectura militar y económica de Occidente.
10. También
veo que en tu canal tratas tema de actualidad ¿No parece lejano tratar temas de
memoria histórica frente problemas que azotan hoy a mucha gente joven (y no tan
joven) el acceso a la vivienda, la huelga de profesores/as en País Valencià, el
racismo cada vez más agitado…
Esa es una de las trampas más peligrosas en las que
podemos caer: creer que la memoria democrática es cosa del pasado. Quienes
pretenden aislar la memoria histórica en un cajón del pasado quieren, en el
fondo, despolitizarla. Sin embargo, la memoria es la llave para entender por
qué hoy nos aprietan los problemas que nos aprietan. Es una herramienta de
lucha en el presente.
Cuando la comunidad educativa en el País Valencià
se moviliza contra el desmantelamiento de la escuela pública, está defendiendo
la tradición de la escuela laica, inclusiva y universal que levantó la
República y que fue exterminada por la dictadura. Cuando denunciamos el racismo
institucional, estamos combatiendo discursos de pureza nacional construidos
durante décadas de nacionalcatolicismo y rescatados por la extrema derecha.
Gracias a la memoria podemos entender que los derechos laborales, sociales y
democráticos que hoy nos quieren arrebatar no cayeron del cielo, sino que se
conquistaron con sangre y organización en el pasado.
11. ¿Esa
solidaridad de clase que se vio durante la DANA es la que hace falta para que
los jóvenes se interesen más por la memoria histórica y defiendan derechos
democráticos antes que vitorear a influencias de extrema derecha?
Sí y no. Tragedias como la DANA han demostrado que,
cuando las instituciones fallan o las infraestructuras colapsan, lo que
sostiene la vida es la autoorganización popular y la solidaridad de clase.
Miles de jóvenes desplazándose con palas y botas de agua, compartiendo comida y
limpiando el barro sin esperar nada a cambio son la prueba viviente de que el
tejido social comunitario no está muerto, a pesar del individualismo voraz que
nos intentan vender.
Pero también vemos como los momentos de crisis y de
tensión son capitalizados por la extrema derecha, que aprovecha estas
coyunturas –pienso también en la situación actual de Ceuta o lo que ocurrió en
Torre Pacheco– para esparcir odio, crear falsos culpables y seguir dando rienda
suelta a sus discursos dañinos. Así que sí, la DANA evidenció las grietas de un
sistema capitalista, individualista, injusto; evidenció también la necesidad de
cooperar, de la ayuda mutua y de la autogestión; pero también fue el caldo de
cultivo para que grupos neofalangistas y de extrema derecha encontrarán huecos
discursivos y malestares que aprovechar.

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